Comunicación no verbal y teatro Gestalt

blanco y negro 8Nuestro lenguaje no verbal es siempre más elocuente que nuestras palabras.

Nuestro ser, tiene sus propios canales para expresarse, de aportar su opinión, emoción o sensación. Quiera nuestra mente consciente que así sea, o no. No acostumbramos a escucharle, lo que perjudica nuestra comunicación con los demás y nuestros procesos de cambio.

¿Qué es la comunicación no verbal?
Diversos estudios demuestran que nuestra comprensión de un mensaje nos llega en un 65% a través de la comunicación no verbal, hasta el punto que a veces la sustituye. Son muchos los elementos que forman esta comunicación que va más allá de la palabra:
Paralingüísticos: se trata de los aspectos no semánticos del lenguaje como son el tono, el ritmo, el volumen, el timbre y los silencios que acompañan al la expresión oral.
Proxémicos: se refiere al uso del espacio en general y del interpersonal en particular.
Kinésicos: nos referimos a la al significado de los movimientos, a la conducta corporal com es la expresión facial, la mirada, la postura, los gestos.

También distinguimos diversas funciones del lenguaje no verbal como son enfatizar el mensaje verbalizado, expresar emociones, sustituir completamente las palabras, orientar la interpretación del mensaje verbal (nos permite distinguir una orden de una cordial invitación, por ejemplo) o contradecir nuestra comunicación oral, expresando lo contrario de lo que estamos diciendo.

Se trata de un sistema complejo en el que confluyen muchos factores, como en cualquier proceso humano: sociales, personales, culturales, biológicos, familiares…

El lenguaje no verbal habla por nosotros
Solemos centrar nuestra atención cuando nos comunicamos, en la palabra, sin ser conscientes de que hemos recibido el mensaje verbal condicionados por todos los elementos que hemos indicado anteriormente. Todo ello provoca que nos creamos un mensaje o no lo creamos, o que nos haga sentir de una determinada manera.

La Gestalt contempla al ser humano como un todo que formado por el sistema intelectual, emocional y corporal. Todo lo que nos ocurre a nivel interno se manifiesta en todos los sistemas del modo que sea, pasiva o activamente. La no acción es también una acción.

Percibimos mucho más y expresamos mucho más, por acción u omisión, de lo que somos conscientes. Así pues, es un elemento de gran interés para el conocimiento de uno mismo y de los demás, ya que varía en nosotros según nuestro estado emocional, mental o físico y se modifica acorde a nuestro estado interno, ofreciendo información que subraya lo que decimos o lo contradice.

El teatro: la persona y la expresión al completo
El teatro, desde nuestra óptica Gestalt, le da mucha importancia a la comunicación no verbal. De forma involuntaria, estamos ofreciendo al público la información de lo que ocurre internamente. El público, en el caso del teatro terapéutico son los compañeros y terapeutas.

Hacer consciente los procesos inconscientes, es vital para poder estar verdaderamente presente y para responsabilizarnos de quienes somos. Podemos tomar conciencia de que algo que pensamos que nos está haciendo felices, se contradice íntimamente con nuestras emociones, pues así lo expresamos. Al detectar el desequilibrio, al llevarlo frente a nuestros ojos, somos capaces de comprender, de acoger y de responsabilizarnos: esto es así ¿qué hago ahora con ello?.

Éste es uno de los objetivos primordiales de la terapia Gestalst y del teatro terapéutico: la presencia en la realidad. Sin la presencia en la realidad el cambio es una quimera.

El cuerpo tiene su propia memoria, registra y conserva información emocional, y actúa con cierta autonomía expresando sus recuerdos corporales acompañando nuestro discurso verbal: emociones, temores, deseos, aspiraciones… a veces sin que nos demos cuenta, a veces intentando reprimir su expresión.

Al poner el cuerpo en movimiento, de forma consciente pero libre, cuando le damos permiso para expresarse éste se conecta con su propio deseo de hablar o callar, y emociones y vivencias del curso nuestra vida suben a la superficie, se muestran.

El teatro terapéutico le pone un altavoz a nuestra comunicación no verbal y le pide algo de silencio a la palabra. Así podemos oír, quizás por primera vez, a nuestro ser al completo.

Descubre la liberadora experiencia de actuar

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El teatro es una potente herramienta terapéutica pero a menudo causa temor, como si su fin fuera abrir la caja de pandora de todos los males que cada uno llevamos dentro.

Si bien es cierto que en el escenario puede ocurrir cualquier cosa, igual de cierto es que la mayor parte de lo que sucede acabará sorprendiéndote gratamente y lo recordarás con alegría.

Aún así, entrar en el juego teatral es algo que nos causa temor principalmente por nuestra exposición a la mirada del otro, a la opinión de los demás:

¿Seré suficientemente bueno?
¿Me quedaré sin saber qué decir?
¿Haré el ridículo?
¿Perderé el control?

“No me atrevo a hacer teatro.”

Prácticamente todo aquel que se ha planteado alguna vez hacer teatro se ha visto asaltado por dudas, desde luego: “me encantaría hacer teatro pero temo”. Pero,¿a qué le tememos tanto? Simplemente la autoexploración, al autoconocimiento, a que se pueda caer un velo que ha estado ocultando una parte que no deseamos exponer ni a nosotros mismos.

Otra reacción muy humana es: centrarnos en un posible, y sólo posible, aspecto negativo de un asunto, sin poder ir suficientemente más allá y pensar en todos los aspectos positivos del mismo.

“Pero, ¡me encantaría!”

Hemos oído ésta frase miles de veces y puede que la hayamos pronunciado otras tantas. Porque todos nosotros hemos hecho teatro, y del bueno, y recordamos lo grato que es: cuando de pequeños nos hemos convertido en la doctora que todo lo cura, o en el profesor sabio, o el héroe de la comarca. ¿Recuerdas esa sensación de perder la noción del tiempo y de ti mismo, concentrado en tus muñecos o en construir la torre más alta del mundo, o combatir al enemigo?

No le dábamos vueltas a “nuestra interpretación”, simplemente actuábamos, y nos encantaba la sensación de ponernos en otra piel, sin un objetivo predefinido y sin juicios de valor, olvidándonos de la nuestra propia por unos instantes. Y nos encantaría volver a jugar. ¡Por eso el teatro también provoca nuestra fascinación!

No dejamos de jugar cuando envejecemos. Envejecemos cuando dejamos de jugar. George Bernard Shaw

“No quiero perder el control emocional.”

Es tal vez, uno de nuestros mayores temores. Pero los objetivo del teatro terapéutico, tal y como lo entendemos desde la Gestalt, no es perder el control sino transformarlo en un acto creativo y de crecimiento. Como cualquier conducta humana el control tiene su función psicológica y biológica, pero puede convertirse también en un escudo demasiado grueso y demasiado pesado, que te limite la libertad de ser tu mismo.

En el Teatro como Oportunidad, nos planteamos objetivos como activar la propia presencia, conciencia, autenticidad y responsabilidad.

“Haré el ridículo.”

El temor a hacer el ridículo es un lobo con piel de cordero. Parece bastante razonable intentar presentar la mejor imagen tí mismo siempre que sea posible. Pero deja de serlo cuando se convierte en tu prioridad, superando a tu deseo de jugar, disfrutar o ser auténtico.

Es algo que nos ocurre en nuestra escena diaria, porque sobre el escenario estamos tan expuestos a los demás como en nuestro cotidiano. Y el temor a hacer el ridículo invade nuestra propia voluntad, por eso vale la pena superarlo.

EL TEATRO ES TU OPORTUNIDAD.

El Teatro como Oportunidad, ha desarrollado una serie de técnicas orientadas justamente a reencontrarte con tus deseos interiores, tus obstáculos y tus miedos, para entrar y salir de ellos, de manera amable y segura.

Amable porque nadie va a juzgarte, y mucho menos a un personaje de ficción que encarnas en escena.

Segura porque el teatro en este ámbito se practica con red, el público es un público cómplice, no ha pagado una entrada, ni te exige resultados, y además no existe un director que te pueda despedir de una compañía.

Te verás impulsado con suavidad a ubicarte en el aquí y el ahora, dejando que las palabras y las acciones fluyan, olvidándote de controlar y preocupándote sólo por ser, arropado por todo un grupo de iguales y por la experiencia del terapeuta. Es ficción, una realidad efímera sin sanciones que temer, que te deja ir tan lejos como te permitas.

Es posible que aflore algo que te haga sentir incómodo, frágil o vil. Y también a través de la vivencia de los personaje, podrás observar tus propias respuestas defensivas, tus automatismos y rigidez. Y una vez descubiertos y hechos conscientes, dejas espacio a la fortaleza, la generosidad y la belleza, que también forman parte de la experiencia.

En el Teatro como Oportunidad se te alienta a buscar y a encontrar, con técnicas y herramientas que te ayudan en los momentos complicados. Tanto si tu interés es tu propio desarrollo o formarte para facilitar el desarrollo a otras personas, descubre ésta potente herramienta. ¡Y disfrútala!

El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la vida.

Arthur Miller