El teatro como oportunidad en la intervención social

 

Teaatro Intervención Social

No nos cansamos de repetir que el teatro es una potente herramienta de desarrollo difícil de encorsetar. Aúna al individuo con el grupo, de manera y en aspectos que a otras disciplinas les es muy difícil hacer realidad. El individuo y el grupo son interdependientes para que el teatro ocurra.

Cuando las técnicas teatrales se suman a la terapia Gestalt, sitúan a los participantes en un espacio de práctica, en el que es necesario ir más allá del análisis y las interpretaciones. El teatro y la Gestalt buscan la experiencia, la acción y la vivencia como catalizador de la transformación y como la transformación misma.

La intervención social

El ser humano es un ser social, inmerso en un tejido complejo de vínculos, grupos, instituciones, organizaciones, normas, requisitos, demandas. Nuestro entorno pone a prueba nuestros recursos personales constantemente.

Hay momentos críticos en los que algunas personas o colectivos llegan a encontrarse en riesgo de quedar fuera del halo de pertenencia, psicológica y emocional, que el grupo-sociedad nos proporciona como individuos. Los objetivos principales de la intervención social, según su definición, son la protección y la promoción de la interacción personal, o lo que es lo mismo, conseguir la máxima sincronía entre la autonomía de personal y la integración en las relaciones sociales.

El teatro: una experiencia participativa

El teatro es una oportunidad en cualquier ámbito de intervención social, porque versa sobre el ser humano y participa de él en todos sus aspectos y vinculaciones. Es, en definitiva, pura humanidad, abraza cualquier pasión o conducta, sin exclusión, acogiéndola sencillamente como lo que es: una manifestación de la condición humana que se manifiesta en relación a un sistema externo (e interno).

El desarrollo personal alcanza una nueva dimensión cuando llega a los demás, a nuestro entorno. No sólo la persona cambia sino que su transformación induce o produce cambios en aquellos que la rodean. Ese es uno de los aspectos más importantes del teatro: cualquier propuesta de cualquier participante modifica las propuestas de los demás, ya que cada uno es un elemento que forma parte de un sistema. Cada uno va sumando más y más elementos y detalles, que acaban construyendo un cuadro que adquiere sentido para los personajes involucrados y para el público, produciéndose una enriquecedora reacción en cadena, donde cada elemento tiene importancia.

La participación en un espacio de teatro, establece lazos emocionales activos que nos llevan más allá de nosotros mismos, lo que es una oportunidad extraordinaria de formar parte de un proyecto común, que exige sobretodo estar: estar presente, estar responsablemente, estar tal y como se es, en el aquí y el ahora, y disfrutarlo. El teatro genera sentido de pertenencia y responsabilidad con el grupo.

El teatro: una experiencia creativa

A su vez el teatro es un experiencia creativa para el individuo y para el grupo. El teatro unido a la Gestalt proporciona la libertad de la creación sin juicio estético. El objetivo no está marcado de antemano, casi podríamos decir que el objetivo es no tener objetivo: poner cada grano de arena tras cada grano de arena, permitiendo que ocurra lo que se esté generando en cada momento sin más, en coherencia con el estado interno de cada personaje, al que cada actor está proporcionando habla, escucha y gesto. El teatro propone un espacio que tiene una estructura con pocas convenciones, muy simples, lógicas y universales. En éste sentido, la experiencia teatral está abierta a todas las personas.

No existe bien hecho ni mal hecho, existe lo que ocurre y como se desarrolla. Algunas personas se encuentran por primera vez en un entorno libre de riesgos, arropados por el grupo y sin recibir ningún juicio, al contrario, recibiendo el agradecimiento por su entrega y su trabajo, imprescindible para que el teatro sea parte del desarrollo humano.

Hay quién por primera vez se atreve a verbalizar o llevar a cabo acciones que nacen de algún profundo deseo y la experiencia resulta liberadora. Crear de la nada, desde la persona, desde el grupo y sus dinámicas, puede ser una experiencia muy valiosa en proyectos de intervención social y para profesionales que desean proporcionar recursos de cambio a personas en riesgo sociales, ofreciéndoles el espacio, la atención y el resguardo para que sean ellas mismas las que descubran sus propias potencialidades, obstáculos y capacidades, tomen decisiones y actúen de forma más consciente.

“Quiero hacer teatro por que me gustaría hacer algo por mí y por los demás; quiero hacer teatro, porque creo que sirve para comunicarse entre los seres humanos, e intentar mejorarse los unos a los otros; porque creo que puede ser un espejo para nosotros mismos, en el cual podríamos apreciar nuestros propios errores y así evitar ciertas injusticias, porque puede ser un camino hacia la comprensión y al entendimiento y porque […] yo quiero cambiar el mundo. ¡Me encantaría cambiar el mundo! Y creo que todavía se puede cambiar.

¡Sí!, nos hemos vuelto locos, ¡estamos locos de remate!, ¡como una regadera! Somos unos insensatos, unos auténticos dementes. Unos piraos, unos soñadores, unos lunáticos, unos majaretas redomados. Sí, porque creemos en un arte libre, hecho con el corazón. Creemos en un arte hecho con la sangre, hecho con el sufrimiento, con la rabia.

Un arte lúdico, pero a la vez profundo. Creemos en un arte que sea capaz de cambiar los corazones de la gente, que les alegre, que les dé fuerza, que les haga sentirse vivos. Un arte que llegue directamente al espíritu de los hombres, y también al espíritu de las mujeres. Un arte que nos haga más conscientes, que nos mejore como personas, que nos dignifique, que nos enseñe, que nos llene de sabiduría. Un arte universal con un lenguaje entendible por todos y cada uno de nosotros.”

De la película Noviembre (Dir.Achero Mañas, 2003):