El teatro como oportunidad pedagógica

El tearrro, herramienta pedagógica

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A nuestros cursos, talleres y charlas llegan profesionales de la pedagogía, de diversos ámbitos, ávidos de seguir reuniendo recursos que ayuden a sus alumnos a llegar a las metas formativas fijadas y a desarrollarse como personas sanas en todos los aspectos.

El teatro, desde los inicios de los que tenemos conocimiento, ha sido usado como herramienta pedagógica. En la antigüedad ocupaba un lugar intenso pero donde la participación del individuo se encontraba limitada: la del espectador.

Queremos compartir algunos lugares en los que se reúnen la pedagogía sistémica y el teatro, y que pueden descubrir toda una paleta inagotables de recursos para educadores y pedagogos.

Un enfoque pedagógico distinto

Desde El teatro como Oportunidad, estamos colaborando actualmente en el Master de Pedagogía Sistémica, que dirige Mercè Traveset, en distintas Universidades y Centros, por esto nos gustaría hablar de este enfoque y su relación con el teatro.

La pedagogía sistémica propone trabajar desde la toma de conciencia de que todas las personas formamos parte de diversos sistemas a la vez, y nuestra acción educativa será menos efectiva, si no conocemos, comprendemos y acogemos a cada persona como una parte de todos los sistemas en los que se está desarrollando: familiar, cultural, social, histórico… La pertenencia a cada uno de éstos sistemas, con sus expectativas respectivas y retroalimentándose constantemente, es un aspecto que brinda mucha luz sobre cada uno de nosotros.

El enfoque sistémico, se diferencia de algunas corrientes antiguas que consideran a los niños o jóvenes como sujetos que necesitan ser llenados de conocimientos y normas. Esta pedagogía no considera a la persona objeto de la acción educativa sino que pretende resituarlo en el sistema que es la escolarización, a través de una aguda comprensión de la persona, su contexto, y la interrelación que se establece entre ambos y el resto de sistemas en los que se encuentra cada individuo.

Pedagogía y teatro

Algunos de los beneficios que los expertos afirman que la experiencia teatral puede aportar a niños y jóvenes, en contextos educativos son:

•   Estimula la creatividad y la imaginación

•   Potencia la capacidad de atención

•   Desarrolla la empatía

•   Fortalece las relaciones personales

•   Explora distintas áreas de expresión: oral, corporal, musical…

•   Trabaja las habilidades comunicativas

•   Fortalece la autoestima

•   Favorece la autonomía personal

•   Incrementa la motivación

•   Fomenta la colaboración y la participación

•   Ayuda a explorar distintos roles

Pedagógicamente hablando, el teatro es una experiencia que nos ayuda a comprender las emociones ajenas, que nos sitúa en ejes culturales distintos a los nuestros, que nos pone en la piel de otro, que nos empuja a la interacción y que pone en valor nuestra espontaneidad. Y desde el punto de vista del maestro nos aporta valiosa información sobre aquello que los alumnos no quieren o no pueden manifestar verbalmente y a comprender la comunicación no verbal.

El enfoque sistémico y el teatro

Una característica fundamental de la pedagogía sistémica es su metodología, que es fenomenológica, es decir, se aleja de lo conceptual, y pone el énfasis en aquello que ocurre, en la experiencia y en lo vivencial, y el teatro es plenamente vivencial.

La ubicación es un concepto importante en el enfoque sistémico, ya que significa situarse en el espacio que nos corresponde exactamente, sin descuidar, ni excedernos en nuestras responsabilidades. Ello exige ser conscientes de cual es nuestro lugar y discernir qué es lo importante y en qué debemos invertir nuestros esfuerzos. Éste es una aspecto muy interesante para trabajar tanto en el escenario, con viviendo distintos roles, como desde el patio de butacas, ya que podemos reconocer la confusión o cruce de roles y las consecuencias que pueden tener para las personas/personajes implicados.

El contexto es otro elemento fundamental, ya que es según nuestro contexto concreto que actuamos de una determinada manera. Desde aquí podemos explorar las características específicas de cada persona, aceptando que cada una es como es, y acogiéndolas todas como pertinentes, pues lo que es, es la única realidad. Eso implica trabajar por parte de todos la aceptación y el respeto, borrando expectativas del horizonte y tomando la realidad de cada uno y del grupo tal y como se manifiesta, tanto en el escenario como en la vida.

Un aspecto muy importante que observa la pedagogía sistémica, es la inclusión. Cuando un individuo o un grupo de ellos sienten que no se encuentran integrados, surge el desequilibrio del que mana el conflicto, la actitud disruptiva, que lejos de ser una causa en sí misma, es precisamente una alarma que nos alerta de la existencia de algún desajuste. El teatro, que no existe en la soledad, aporta sentido de la pertenencia y favorece los procesos inclusivos.

¿Cambiamos los roles?

Como pedagogos, el teatro nos ofrece no sólo recursos que favorecen el desarrollo de nuestros alumnos sino que nos ayuda a adquirir una percepción más clara sobre ellos y sobre nosotros mismos, y nos sensibiliza para ser capaces de captar la información sobre cada persona y su contexto, y hacer aportes significativos a su formación y desarrollo.

Para cualquier grupo de edad y en cualquier ámbito educativo, el teatro es una oportunidad desde la perspectiva pedagógica para trabajar multitud de conceptos, valores y relaciones, desde el lugar seguro que es la escena, donde podemos permitir que cualquier cosa ocurra sin temor, por ejemplo un intercambio de roles y dejar que los alumnos sean los maestros.