El personaje y tú

El personaje y yo

“Ya no era cuestión de enseñar o de aprender algo, de trazar un método personal, de descubrir nuevas técnicas de encontrar un lenguaje original, desmitificarse uno mismo o desmitificar a los demás.

Solamente era cuestión de no tener miedo el uno del otro, de tener el coraje de acercarse el uno al otro hasta ser transparente y dejar entrever el pozo de la propia experiencia.”

Eugenio Barba

Una de las facetas que resulta más interesante del trabajo teatral es posicionarnos frente al personaje. Cuando recibimos la consigna de interpretar un personaje con una personalidad, un problema o una relación concreta, es apasionante observar el proceso mediante el que cada persona se acerca a ésta tarea.

Desde nuestra experiencia, podemos decir que las personas que asisten a nuestros talleres llegan con la predisposición para entregarse a las propuestas que se plantean, tanto aquellos que ya tienen alguna experiencia teatral, como aquellos que no. Llegan con la ilusión de participar y jugar, lo que resulta imprescindible. Pero el trabajo requiere de otras actitudes que vamos a encontrar en el escenario y como público, y que son parte fundamental del trabajo que proponemos desde éste territorio común entre el arte escénico y la terapia Gestalt como son la presencia, la conciencia y la responsabilidad, entre otras.

Cuando estamos presentes elaboramos conscientemente. Cuando nos centramos con nuestra persona al completo en el presente, en lo que ocurre en nosotros y alrededor nuestro en un momento concreto, estamos aprehendiendo la realidad, la interna y la externa y entonces somos capaces del pequeño gran acto que es el darse cuenta. Observamos y podemos comprender, para luego obrar con la responsabilidad que implica pasar a la acción.

Observa – Comprende – Actúa

Por ejemplo, hablando de una propuesta inventada más concreta: imaginemos que nos proponen interpretar a una mujer gruñona. Ésta consigna, sencilla y abierta, frente a la cualquiera podemos imaginarnos jugando, resultará asequible para algunas personas y para otras muy difícil. Puede que tú estés pensando: “Pero, ¿cómo le va a resultar difícil a alguien?” mientras otra persona estará pensando: “Con lo que me cuesta mostrar mi enfado, ¡no sabría cómo hacerlo!”.

Durante el trabajo, no hay más consigna que jugar con lo que nos constituye: cuerpo, mente y emoción. Ahí está nuestra presencia. La presencia teatral es un estado plenamente vivencial, es una experiencia, en la que nuestra persona trabaja desde todo su ser. Y cada uno de los tres centros fluye, en el mejor de los casos, hacia donde tiene necesidad de hacerlo, sin bloquear a ninguno de los otros: ni la mente frena al cuerpo, ni la emoción secuestra a la mente, ni el cuerpo boicotea al pensamiento…

Creemos que estamos siempre presentes, pero no es cierto. Mientras nuestro cuerpo nos lleva en bicicleta, nuestra mente repasa la agenda y nos sentimos tristes por algo que ocurrió hace tres días: la mayor parte del tiempo es así como funcionamos. El estar presentes fusiona estas partes de nuestro ser en una escena, en un diálogo, en una acción… y el escenario es un espacio que propicia esta forma de estar.  Este momento de unidad nos permite darnos cuenta de los procesos que ocurren en la mente, el cuerpo y la emoción. Observamos, comprendemos y desde allí actuamos y somos capaces entonces de reconocer que interpretar a la mujer gruñona se nos ha hecho muy fácil o muy difícil tal como pensábamos, o todo lo contrario.

El darnos cuenta es conectarnos con lo que nos ocurre respecto al personaje (observa), y es un pequeño paso para acceder al porqué (comprende), a hacernos la pregunta y a empezar a despojar ese aspecto de nuestra esencia que se identifica o que rechaza al personaje. Y darnos cuenta de que ese espejo (el teatro) que nos ofrece la imagen de otro (el personaje) nos está devolviendo una imagen de nosotros mismos, lo que en sí ya es transformador. Y desde ahí, podemos elegir como proceder (actúa).

Además está el grupo, la presencia de las otras personas, los otros personajes, que suman a la nuestra sus propias vivencias, tan distintas en sus detalles y tan parecidas en realidad. El teatro no se reduce al yo, sino que incluye la situación (los otros compañeros, las historias, el público).

Como expresa magníficamente Eugenio Barba: en el teatro se trata de olvidar el miedo, pues no hay nada que temer; hacernos transparentes ocupando un lugar visible, aportando luz a nuestras zonas en la sombra y asomarnos a nuestro propio interior y al del otro, estando presentes y conscientes, con confianza, comprensión profunda y generosidad.