Habitar mi cuerpo

Lo corporal, lo teatral y lo terapéutico

“El cuerpo es el instrumento más visible mediante el cual se comunican los pensamientos y emociones más sutiles. Su trabajo se centra en el entrenamiento del movimiento corporal hasta conseguir responder de forma espontánea  a los estímulos que involucran a los diferentes personajes.“ Uta Hagen

Nuestro cuerpo es un receptor y un emisor que nunca descansa, pero no le solemos dar demasiada importancia, por el contrario, aprendemos a ignorar o acallar las señales en nuestro propio organismo desde pequeños.

Silenciar a nuestro cuerpo tiene sobre todo un trasfondo cultural y ético: el cuerpo es nuestra faceta más íntimamente relacionada con la naturaleza y el instinto, y aprendemos desde pequeños que los instintos “no son buenos” y que es necesario reprimirlos y controlarlos, ya que no están gobernados por completo por la mente racional.

Pero nuestro organismo es mucho más que el medio de transporte de la mente y la fábrica de nuestra energía vital.

Nuestros pensamientos, emociones y cuerpo forman un complejo engranaje perfectamente sincronizado, aunque a veces nos resulte útil diferenciarlos entre sí para poder reflexionar sobre ellos.

Estamos muy entrenados para ser conscientes de nuestros pensamientos: qué creemos, qué pensamos, cómo nos vemos a nosotros mismos… Con las emociones tenemos ya más dificultades para identificarlas. Y solemos ignorar lo que nos ocurre a nivel corporal.

La importancia de lo corporal

Pero en el teatro, y también desde la perspectiva de la Terapia Gestalt, lo corporal posee tanta importancia como lo afectivo y lo mental si no más, por las dificultades que tenemos en manipular nuestras reacciones físicas pese a nuestros esfuerzos.

Como receptor el cuerpo capta sutilezas que a la mente consciente le pasan desapercibidas, y vive las contradicciones que se dan entre razón y emoción.

Como emisor, nuestro organismo está liberando constantemente información sobre nuestro estado interno, por eso a veces las personas que nos rodean son capaces de detectar que algo nos ocurre aunque intentemos ocultarlo.

Si el cuerpo es el lienzo donde se plasman nuestros pensamientos, emociones y la relación entre todos ellos, trabajar lo corporal es imprescindible.

En escena percibimos lo que piensa y siente el personaje a través del gesto, la voz, los movimientos. El cuerpo amplifica, matiza, contradice, muestra, esconde o tergiversa lo que el personaje siente y piensa, y justo cuando los engranajes se ajustan, vemos al personaje.

Trabajar el cuerpo, como nos dice Uta Hagen, es despertarlo para que sea capaz de retransmitir lo que ocurre en su interior.

Desde la óptica puramente teatral el objetivo del trabajo corporal es proporcionarle suficiente maleabilidad con el fin que otra personalidad, con su corporalidad diferenciada, lo habite. Así surge la propia expresividad, gestualidad y voz del personaje.

El trabajo corporal teatral y terapéutico

En el proceso terapéutico el trabajo del cuerpo es uno de los aspectos más transformadores que ofrece el teatro.

Empecinados en que el cuerpo es una fuente de problemas y vergüenzas, trabajamos por modificarlo, reprimirlo, domando sus reacciones y haciendo caso omiso de las sensaciones que nos proporciona. No estamos acostumbrados a escucharlo, a poner la atención sobre él sin prejuicios, sólo observando qué ocurre. Y así construimos nuestra propia celda, forzando a nuestro cuerpo a convertirse en el muro en que lo interno rebota hacia el interior de nuevo.

Nos asusta de nuestro cuerpo que podamos perder el control que supuestamente tenemos sobre él y sobre lo que expresa. Pero aprender a habitar nuestro cuerpo tiene que ver con la consciencia, con el darse cuenta, con la respiración, no con la dominación.

Cuando ponemos la atención en lo que nos sucede corporalmente, nos situamos en el presente.

En la situación de seguridad que nos ofrece el grupo, podemos atrevernos a tomar riesgos y dirigir nuestra energía en confiar en los propios recursos, que el proceso nos va mostrando, y abandonar nuestros intentos de manipular el entorno para que parezca menos hostil.

En el proceso que realizamos en las clases, avanzamos hacia el darnos cuenta de sensaciones y reacciones, de pensamientos y emociones que surgen asociados. Esto nos permite hacernos responsables de lo propio, andar sobre nuestros pies, sentir la respiración que nos dice que estamos vivos, e ir descubriéndonos en esos pasos, viviendo a nuestra manera el camino que vamos trazando. Y compartiendo lo aprendido con los otros, tanto en el escenario como en la vida.