Mejora tus aptitudes comunicativas, con presencia y espontaneidad

DSC_2077La expresión teatral, enmarcada en el trabajo personal con enfoque gestáltico, es un laboratorio, una zona de pruebas que proporciona la libertad y el acompañamiento necesario, para lograr tus objetivos.

Uno de los objetivos que trabajamos, ya que muchos de nuestros alumnos llegan con esta inquietud, es la mejora de nuestra capacidad para comunicar y expresar lo propio, dicho de otra manera: atreverse a mostrarse!

La comunicación es un proceso humano que damos por sentado, como respirar o parpadear. Acabamos reduciendo el proceso de comunicación, de una complejidad extraordinaria, a sus mínimos denominadores: hablamos, gesticulamos, estamos ahí, por tanto nos estamos comunicando. Pero la realidad es mucho más rica y nos encontramos con que muchos de los problemas en nuestras relaciones o bloqueos a los que nos enfrentamos, tienen que ver con una comunicación poco eficaz, poco fluida o fallida.

Presencia, conciencia y responsabilidad para una mejor comunicación

Nuestro ser está transmitiendo información ininterrumpidamente, seamos o no conscientes de ello. Y es justo aquí donde encontramos un aspecto clave: la toma de conciencia.

El hecho de darse cuenta es fundamental para conocer lo qué ocurre, cómo ocurre y poder hacerse responsable de ello. El ser consciente -el darse cuenta- implica poder poner la atención en lo que está ocurriendo en este preciso momento en el lugar en el que estamos y a distintos niveles, como son:

·      La realidad externa – la toma de contacto a través de nuestros sentidos de aquello que nos rodea .

·      La realidad interna – incluye lo que ocurre en nuestro ser a nivel corporal, emocional y mental. Cómo procesamos la información sensorial y la integramos con nuestra propia experiencia interna.

·      El imaginario – se trata de la actividad mental que no se encuentra en el aquí y el ahora sino en el pasado o el futuro. Son fantasías, aunque por su presencia constante en nuestras vidas les proporcionamos desde siempre estatus de realidad. Los recuerdos, las hipótesis, imaginar lo que ocurrirá, inferir lo que el otro piensa o siente respecto a nosotros… son sólo ideas, nada sobre lo que de verdad podamos actuar de forma directa, aunque condicionan tremendamente nuestra reacción interna y nuestra respuesta.

La falta de conciencia sobre estos procesos que ocurren a nuestro alrededor y en nosotros mismos puede ser la fuente de inseguridades y bloqueos que ni tan solo sabemos de donde vienen. El darnos cuenta nos acerca a nosotros, al otro y a la realidad que generamos juntos.

Situarnos en el presente no solo nos facilita una mejor expresión sino que nos ayuda escuchar a nuestros interlocutores con más atino, lo que aportará a nuestro discurso un mejor ajuste a la situación real de forma espontánea: puede que estemos tan preocupados por los nervios que sentimos que no nos demos cuenta de que el público se está aburriendo o por el contrario que lo está pasando en grande.

La espontaneidad nos hace únicos

Cuando nos centramos en el presente de forma consciente somos más espontáneos y la espontaneidad es lo que nos muestra tal y como somos, es decir, es el único proceso capaz de transmitir aquello que nos hace únicos, que es lo que nuestros interlocutores más aprecian.

Podemos escribir miles de palabras narrando cómo es estar situado en el presente,  darse cuenta de nuestro interior y exterior, pero seguimos en la esfera imaginaria.

Los aprendizajes más efectivos son los vivenciales, es decir pasar tu mismo por la experiencia, y la propuesta que hacemos reuniendo teatro y Gestalt te ayuda a mejorar tu aptitudes comunicativas poniéndolas en juego -¡literalmente!. Experimentando el darse cuenta de lo que te ocurre y de lo que sucede a tu alrededor mientras está pasando, sobre todo en la improvisación, que es una gran herramienta para probar y actuar en sintonía con el momento presente, que cambia a cada instante. Creamos para ello un entorno guiado y personalizado, un contexto cálido y de aceptación, en el que podrás experimentar la libertad y el placer que nos aporta la espontaneidad y el mostrarnos tal y como somos.

La verdad en el personaje

Performance alumnoCuando vemos a un personaje vivo en el escenario podemos decir que el actor o la actriz han sintonizado con su universo. Hemos oído la expresión ”defender el personaje” pero reflexionemos un instante en lo que consiste ésta defensa.

El personaje es como es, defenderlo no es acudir a elaboraciones mentales complejas que justifiquen su conducta. Es recomendable, si no necesario, dejar volar la imaginación y tirar del hilo de las motivaciones que pueden llevar al personaje a actuar de una determinada manera o a pronunciar una palabras y no otras. Cuando hemos analizado hasta un cierto punto las circunstancias que han llevado a un personaje hasta donde se encuentra, o hasta allí donde lo llevamos, defenderlo consiste en actuar como sentimos que este lo haría, por lejos que esté de nuestra propia manera ser, sin filtros y sobretodo sin prejuicios éticos.

Nuestra moralidad, nuestro bagaje y nuestra actitud queda en un segundo plano para dejar ser al personaje tal y como es. Cuando nos sumergimos en él de esta manera, podemos conectar no sólo con esta “persona” en concreto, sino con el significado mismo de la empatía. El personaje nos enseña que cualquier persona puede ser, debe de poder ser. Cualquier configuración de carácter, cualquier escala de valores es posible. Así es el ser humano.

Un trabajo hacia la comprensión

El trabajo del personaje nos ayuda a llegar a comprender por qué alguien en unas determinadas circunstancias se ha convertido en quién es. A su modo es coherente en sus bondades y maldades, en sus sesgos y en su clarividencia y en su aceptación de sí mismo y en sus resistencias. Somos quienes podemos ser en cada momento y el personaje también.

Abrirse a ésta realidad no sólo nos permite la compresión de un personaje sino que nos propone un camino de más largo recorrido: la comprensión y aceptación de cualquier persona incluida -¡sino en primer lugar!- nuestra propia persona.

Podemos permitirnos parar el juicio constante al que nuestra mente somete absolutamente todo y sencillamente mirar: mirar quién es ése personaje, cómo es y como tiene todo el sentido en el universo humano. Y en ésa línea, mirarnos a nosotros mismos y a aquellos que nos rodean de la misma manera.

Defender el personaje es quererlo y mostrarlo tal y como es, no buscar excusas a su comportamiento sino razones, aunque sus razones nos parezcan las equivocadas, aunque su comportamiento luzca reprobable, absurdo o débil, y tomarlas como su razón de ser.

Acercarnos a la complejidad

El actor demuestra su amor por el personaje cuando lo acepta y lo comparte sin pasarlo por sus propios filtros de lo que es o no es aceptable y hace visible su complejidad ante los ojos del espectador, que es capaz de ver la verdad en él, su propia y única verdad.

El acercamiento al personaje es un acercamiento a la condición humana misma, un universo en el que las primeras impresiones, los juicios de valor y la crítica inmediata nos impiden la visión de la complejidad que se halla tras cualquiera de nosotros.

El trabajo del personaje puede llevarnos a mirarnos a nosotros mismos del mismo modo, sin crítica ni juicio, a intentar aprehender quiénes somos realmente, cuáles son nuestros profundos deseos y a querernos más también a nosotros mismos.