¡Quítate la máscara! Pero con amor…

Quítate la máscara, ya es hora.

Día tras día construimos una segunda piel, que nos protege y nos sostiene.

Y día tras día deja de sernos útil.

Mudamos esta corteza, pero no conseguimos abandonarla.

Sus capas, una tras otra tras otra, se acumulan entre nosotros y todo lo demás.

Nos creemos a salvo cuando estamos ocultos dentro de nuestro caparazón.

Pero la máscara pesa, por que se crea a partir de nuestro miedo de ser quienes realmente somos. Queremos ser alguien mejor, más fuerte, más invulnerable, más amable.

A cada minuto, luchamos contra nuestra propia corriente ¡nos esforzamos tanto en no ser quiénes somos!

Es agotador.

Pero el miedo es poderoso y familiar. El coraje en cambio, nos parece cosa de héroes de ficción.

La máscara es una resistente compañera que hemos adaptado a nosotros y nosotros nos hemos adaptado a ella. No queremos oír hablar de abandonarla, andaríamos por ahí como el emperador que cree llevar un lujoso traje pero en realidad está desnudo.

Eso creemos.

La máscara aprieta, roza, araña, ahoga, se escurre y hay que sostenerla constantemente para que no quede a la vista nada de ese yo erróneo, torpe, desagradable.

Recibimos amor y nos convencemos de que es gracias a ella, otra razón para no abandonarla. ¡Pero el esfuerzo es tan grande!

Accidentalmente cae algún pedazo o lo arrancamos incapaces de soportarlo ni un minuto más.

La sensación es liberadora, más serena que eufórica, pero el miedo vino para quedarse: es el nuestro y no tiene ningún otro sitio al que ir.

Puede que ya sea hora por que algo haya pasado y te decides. Puede que nunca pase nada y sea eso lo que hace que te decidas. Puede que sea ya el momento de empezar a soltar las mudas acumuladas, a agradecerles su protección y su ayuda, al fin y al cabo te han acompañado hasta hoy, la intención era buena: mantenerte a salvo.

Poco a poco desarma ese rostro que se te parece, que tiene alguno de tus rasgos, que ha formado parte de tantas de las cosas que has hecho hasta ahora, pero que hiere.

La máscara duele por que no sabemos si somos amados por lo que representa y no de verdad, por que nos enjaula en necesidades que ya no tenemos, por que nos comprime en un espacio que ya no es suficiente.

¡Quítate la máscara! Pero con amor y con respeto por la persona que la creó, por que has luchado por ser feliz, por hacer feliz a los demás, por que has buscado tus propios recursos y por que ahora te das cuenta de que ya no sirven y de que nunca fueron suficientes. Quítatela con paciencia y dulzura, lo mereces por que todo el mundo lo merece, por que todos y cada uno de nosotros lo hace lo mejor que puede en cada momento.

El miedo no nos abandona, lo necesitamos. Necesitamos nuestro sistema de alerta, pero tenemos que ajustarlo a la realidad, a nuestra realidad: no podemos protegernos de un terremoto cada vez que el vecino mueve una silla…

Encuentra tu propia forma de quitarte la máscara, descúbrete tras ella y déjate sorprender por la persona que allí se encuentra. Nada es tan terrible como imaginamos, y no dejamos de tener miedo cuando conseguimos ser valientes sino cuando actuamos a pesar de él.