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La sesión de teatro y Gestalt: darse cuenta

DSCF0163Una de los preceptos sobre los que se fundamenta el trabajo en terapia Gestalt es darse cuenta, sin que nuestra conciencia esté en el aquí y el ahora, registrando plenamente la experiencia mientras es vivida por nosotros, resulta muy difícil el cambio.

El teatro nos ofrece una oportunidad excelente para trabajar la toma de conciencia sobre nuestras propias realidades: la interior y la exterior. Por un lado, para percatarnos de nuestras sensaciones corporales, agradables y desagradables, tensiones, como es la respiración… Por otro, de toda la información sobre lo que nos rodea que nos llega a través de los sentidos y que solemos procesar de forma inconsciente.

Existe también un espacio intermedio entre lo interno y externo, en la que se sitúan las manifestaciones de tipo mental: lo que pensamos, imaginamos, proyectamos…

En la acción misma de la representación teatral, el actor se ve abocado necesariamente a trabajar simultáneamente la atención a todas las realidades y, en algunos aspectos, desdoblándose, ya que en el escenario conviven las realidades del actor y del personaje. Además, existen las otras realidades, las de los otros actores y personajes.

El escenario, situado en la realidad y la ficción a la vez, alienta a conseguir un alto nivel de atención y conciencia y, dada su inmediatez, a situarse en el aquí y el ahora.

En nuestras sesiones de trabajo movilizamos, mediante dinámicas expresivas, el contacto con la experiencia interna y externa, de manera que entremos en contacto con las diversas partes de nosotros mismos y tomemos amplia conciencia de cómo estamos, qué nos provoca una situación, qué nos hace sentir el otro… y responsabilizarnos de ello.

Los participantes en nuestros talleres suelen sorprenderse de todo lo que podemos llegar a entender sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre nuestra relación con el otro, ejercitando esta atención consciente ya que, sólo con el hecho de vivenciarla empieza a instalarse como parte de nuestra manera de vivir y produce cambios en nosotros que nos van permitiendo poco a poco ser, más en contacto con la experiencia real que sólo encontramos en el aquí y ahora.

El espacio que se crea en las sesiones de trabajo, ofrece respeto y seguridad emocional a todos los participantes, ayudándolos a estar alerta de la propia experiencia y conseguir una mayor fluidez en su relación con sí mismos y con los demás, identificando dificultades, bloqueos y, también, dónde fluimos con naturalidad.

Ya sea en grupo, en parejas o de forma individual, trabajamos la experiencia de cada participante que, a menudo, encontrará un fiel reflejo de lo que puede sucederle en la propia vida con la diferencia de que el espacio de trabajo, permite ir más allá de lo que a veces nos permite nuestro cotidiano, permitiéndonos atender a los que está sucediendo, a lo que nos está sucediendo, a reconocer como nos posicionamos frente a lo que sucede y frente a las otras personas, a responsabilizarnos de nuestras acciones y a explorar sin presiones aspectos propios, miedos y los propios vínculos que establecemos con el otro.