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Levantar barreras en la actuación.

“Un taller es el lugar donde una persona debe aprender a observar su propio carácter y sus facultades interiores, es un lugar donde cultivar el hábito de mirarse a sí mismo no como alguien que deja simplemente que la corriente de la vida lo arrastre, sino como alguien que ama el arte y que quiere, mediante su trabajo creador, a través de sí y por sí, llenar los días de los demás con alegría y el júbilo de su arte[1]”.Stanislavski, K.

En la práctica no se trata tanto de enseñar algo nuevo como de facilitar el camino y ayudar a levantar impedimentos y barreras que bloquean el trabajo. Stanislavski afirma: “Es necesario desprenderse del prejuicio que consiste en suponer que es posible enseñar a la gente a interpretar ciertos sentimientos. Puede decirse definitivamente que a nadie puede enseñársele a actuar[2]”.Algo similar sostiene Declan Donnellan cuando manifiesta que no es exacto decir que un actor tiene más talento que otro, lo que sucede generalmente es que unos están menos bloqueados que otros. Donnellan considera que los síntomas del bloqueo pueden ser la parálisis o el aislamiento del actor. Y que si el talento fluye como la circulación de la sangre, nuestro trabajo consiste en disolver los coágulos (bloqueos) que obstruyen esa circulación. Una actitud que nos recuerda a Carls Roger, cuando propone que el terapeuta propicie con su proceder un ambiente facilitador que permita eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo del paciente.

No se puede enseñar a interpretar, pero es posible ayudar en el proceso dejar fluir nuestro instinto natural de actuar. Nos pasamos la vida actuando. Cada momento de nuestra vida es una pequeña representación teatral, incluso nuestros momentos más íntimos tienen al menos un espectador: nosotros mismos. Muchas personas se ven bloqueadas ante la acción teatral o experimentan miedo a hacer el ridículo, a fracasar, se sienten tímidos o vergonzosos. En algunos de éstos casos nos encontramos con el conflicto entre una parte interna que nos juzga y que teme una catástrofe y otra parte nuestra que desea jugar y experimentar, pero tiene miedo al propio juicio y por tanto al juicio de los demás. Aún los actores que llevan años haciendo teatro dicen que sienten “ganas de desaparecer” antes de subir al escenario, pero a pesar del pánico escénico salen a hacer su trabajo. La premisa es: ¡Hazlo! El beneficio es haberlo hecho. Traspasar el miedo puede ser una experiencia de liberación que nos ayude, que nos permita dejar de exigirnos tanto y disfrutar más de lo que hacemos.

Cuando facilitamos talleres de teatro es necesario crear un espacio idóneo para actuar,  para nosotros es preferible empezar por lo sencillo aunque las personas tengan mucha experiencia. Comenzar con trabajos de menor implicación, una plataforma desde dónde se pueda se puedan asumir nuevos riesgos. Si la sensación de riesgo es demasiado grande quizás la tarea que estamos planteando no sea la adecuada para ese momento. Sólo cuando hay un mínimo de confianza es posible dar un paso más allá del lugar donde cada uno está.

Desarrollar el enfoque de El teatro como oportunidad  implica mirar a las personas y respetar su momento, su carácter, sus dificultades y sus potencial, para comprender que cada uno está en un lugar diferente y desde allí se mueve a su propio ritmo.

A la hora de actuar suele suceder que las personas muestren en un primer momento su propio modo de hacer, sentir, pensar, y ésta bien, eso ya es algo y desde allí podemos probar algo nuevo, jugar otros papeles diferentes y desarrollar un observador interior que sea testigo y no crítico de sí mismo, ni de los compañeros.

La comprensión del Eneagrama, que aprendimos de Claudio Naranjo, es una ayuda para tener en cuenta las diferencias de carácter y los estilos personales y comprender que aquello que resulta fácil para algunos, puede ser complicado para otros y cual tiene que recorrer su propio camino.

En resumen, lo que nos proponemos en la práctica es que cada uno pueda conocer y afinar y amar el principal instrumento con el que cuenta el actor en el escenario y la persona en la vida: el sí-mismo, único e irrepetible.

[1]Stanislavski, K. “El arte escénico”. Editorial Siglo XXI. 2007

[2]Ídem