About El teatro

Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

Levantar barreras en la actuación.

“Un taller es el lugar donde una persona debe aprender a observar su propio carácter y sus facultades interiores, es un lugar donde cultivar el hábito de mirarse a sí mismo no como alguien que deja simplemente que la corriente de la vida lo arrastre, sino como alguien que ama el arte y que quiere, mediante su trabajo creador, a través de sí y por sí, llenar los días de los demás con alegría y el júbilo de su arte[1]”.Stanislavski, K.

En la práctica no se trata tanto de enseñar algo nuevo como de facilitar el camino y ayudar a levantar impedimentos y barreras que bloquean el trabajo. Stanislavski afirma: “Es necesario desprenderse del prejuicio que consiste en suponer que es posible enseñar a la gente a interpretar ciertos sentimientos. Puede decirse definitivamente que a nadie puede enseñársele a actuar[2]”.Algo similar sostiene Declan Donnellan cuando manifiesta que no es exacto decir que un actor tiene más talento que otro, lo que sucede generalmente es que unos están menos bloqueados que otros. Donnellan considera que los síntomas del bloqueo pueden ser la parálisis o el aislamiento del actor. Y que si el talento fluye como la circulación de la sangre, nuestro trabajo consiste en disolver los coágulos (bloqueos) que obstruyen esa circulación. Una actitud que nos recuerda a Carls Roger, cuando propone que el terapeuta propicie con su proceder un ambiente facilitador que permita eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo del paciente.

No se puede enseñar a interpretar, pero es posible ayudar en el proceso dejar fluir nuestro instinto natural de actuar. Nos pasamos la vida actuando. Cada momento de nuestra vida es una pequeña representación teatral, incluso nuestros momentos más íntimos tienen al menos un espectador: nosotros mismos. Muchas personas se ven bloqueadas ante la acción teatral o experimentan miedo a hacer el ridículo, a fracasar, se sienten tímidos o vergonzosos. En algunos de éstos casos nos encontramos con el conflicto entre una parte interna que nos juzga y que teme una catástrofe y otra parte nuestra que desea jugar y experimentar, pero tiene miedo al propio juicio y por tanto al juicio de los demás. Aún los actores que llevan años haciendo teatro dicen que sienten “ganas de desaparecer” antes de subir al escenario, pero a pesar del pánico escénico salen a hacer su trabajo. La premisa es: ¡Hazlo! El beneficio es haberlo hecho. Traspasar el miedo puede ser una experiencia de liberación que nos ayude, que nos permita dejar de exigirnos tanto y disfrutar más de lo que hacemos.

Cuando facilitamos talleres de teatro es necesario crear un espacio idóneo para actuar,  para nosotros es preferible empezar por lo sencillo aunque las personas tengan mucha experiencia. Comenzar con trabajos de menor implicación, una plataforma desde dónde se pueda se puedan asumir nuevos riesgos. Si la sensación de riesgo es demasiado grande quizás la tarea que estamos planteando no sea la adecuada para ese momento. Sólo cuando hay un mínimo de confianza es posible dar un paso más allá del lugar donde cada uno está.

Desarrollar el enfoque de El teatro como oportunidad  implica mirar a las personas y respetar su momento, su carácter, sus dificultades y sus potencial, para comprender que cada uno está en un lugar diferente y desde allí se mueve a su propio ritmo.

A la hora de actuar suele suceder que las personas muestren en un primer momento su propio modo de hacer, sentir, pensar, y ésta bien, eso ya es algo y desde allí podemos probar algo nuevo, jugar otros papeles diferentes y desarrollar un observador interior que sea testigo y no crítico de sí mismo, ni de los compañeros.

La comprensión del Eneagrama, que aprendimos de Claudio Naranjo, es una ayuda para tener en cuenta las diferencias de carácter y los estilos personales y comprender que aquello que resulta fácil para algunos, puede ser complicado para otros y cual tiene que recorrer su propio camino.

En resumen, lo que nos proponemos en la práctica es que cada uno pueda conocer y afinar y amar el principal instrumento con el que cuenta el actor en el escenario y la persona en la vida: el sí-mismo, único e irrepetible.

[1]Stanislavski, K. “El arte escénico”. Editorial Siglo XXI. 2007

[2]Ídem

 

La imaginación (Extracto del libro El teatro como oportunidad)

Si el cuerpo es la maquinaria del actor, la imaginación es en gran parte su combustible.

Stanislavski decía que el mejor amigo del actor era la imaginación, un “si” mágico, que obra para que las más diversas posibilidades vivan en el escenario. El actor necesita una imaginación atrevida, porque con sus imágenes mentales ilustra una quimera. No sólo crea, sino que cada día infunde nueva vida a lo que ha creado, y lo repite generosamente para que otros, desde la butaca podamos también imaginar ese mundo: “Stanislavski hace hincapié en que no existe vida real en escena. La vida real, declara categóricamente, no es arte; esta declaración debería ser tomada en cuenta por los críticos que lo han acusado de desear introducir una mera imitación de la vida real en escena. La naturaleza del arte, señala, requiere de ficción, la que es aportada en primer lugar por la labor del autor. El problema del actor y su técnica creadora es por tanto, cómo transformar la ficción de la obra en realidad escénica artística. Para hacerlo, él necesita tener imaginación” (Libro Stanislavski, K. “El arte escénico”. Introducción de David Magarshack. Editorial Siglo XXI. 2009)

El teatro es ficción, todo lo que ocurre allí es ficción, el actor pronuncia en voz alta y clara, delante de cientos de espectadores, una declaración de amor que en la vida real seguramente le susurraría a su amante en el oído, estando solos.

En el escenario su energía tiene que llegar a conmover no sólo a su amada sino también al espectador de la última fila. Es evidente que el arte del actor no es trasladar la vida real a la escena, sino dar la sensación de verdad a la ficción que está viviendo y su imaginación le ayudará a vivir en el “como si” de la escena.

La imaginación es la dimensión que tenemos los hombres para construir imágenes, y las imágenes son madre y padre del pensamiento creativo de los seres humanos.

La palabra: imagen, proviene del latín imago: imitar. La imagen mental es una imitación o representación de un hallazgo sensible. Existe la costumbre de reservar el término imagen para referirse las imágenes visuales, sin embargo, una imagen puede pertenecer a cualquier modalidad sensorial, cualquier estímulo externo que impresiona a nuestros sentidos puede convertirse en una imagen. Las imágenes son huellas, de lo que vemos, oímos, sentimos con todos nuestros medios.

Pensamos con palabras e imágenes, aunque el lenguaje suele tener un lugar especial en el pensamiento de los adultos. A medida que crecemos la palabra va ganando lugar a las imágenes, destacan las palabras, las creencias y los mensajes verbales imborrables. Pero lo mental también abarca imágenes, símbolos, recuerdos, melodías, paisajes, que no tienen que ver con la palabra y pertenecen al ámbito de lo mental.

Las imágenes mentales pertenecen al ámbito de nuestra experiencia fenomenológica y están básicamente bajo el control de lo cognitivo. Las imágenes mentales son entidades que surgen cuando recordamos, pensamos, captamos el mundo. Y nos ayudan a constituir el universo simbólico en el que estamos inmersos.

Cada símbolo se cargan de sentido para nuestra mente consciente y no consciente: una imagen, un dibujo, un objeto concreto, una figura, una forma, sugiere, evoca y provoca un movimiento inevitable.

Einstein aseguraba que su destreza particular residía en visualizar los efectos, consecuencias y posibilidades de la física, es decir trabajaba con su imaginación. Las imágenes mentales le permitieron realizar experimentos en su imaginación para llegar sus teorías físicas. La elaboración matemática de la teoría de la relatividad fue posterior a la comprensión visual.

En teatro el actor trabaja con las huellas de la realidad que en algún momento dejaron una impronta en él. Si le decimos a una persona que interprete una prostituta, lo primero que hará es imitar una imagen estereotipada.

Las imágenes pueden orientarnos o limitarnos en nuestra acción. Explorar nuestras imágenes limpia y allana el lugar de la creación teatral.

La Gestalt se centra especialmente en el aquí y ahora y las expectativas respecto a nuestro futuro o las imágenes de nuestro pasado fueron consideradas por Perls fantasía, pura y simple especulación que debíamos asumir como tal. Pero el mismo Perls en la práctica, trabajaba la zona intermedia entre el pensar y el actuar, por medio de la imaginación.

La imaginación moviliza o paraliza, puede tener un efecto transformador o generador de fantasías catastróficas. Nuestra imaginación ocupa muchas horas de la vida. Sin imaginación nuestros medios para acceder al mundo exterior serían muy rudimentarios, aunque tal vez más cándidos.

 Así creamos el mundo con nuestra invención particular y lo que entendemos por realidad es el resultado de una vicisitud imaginativa, y es nuestra responsabilidad.

Carta a nuestros alumnos para la Muestra

Os compartimos esta carta, aunque está dirigida por mail a un pequeño grupo de valientes creadores, quizás te interesa y el curso que viene puedes ser uno de ellos…

Queridos alumnos,

Este sábado 9 de junio de 2018 es nuestra Muestra con público​.

Después de dos años de trabajo, de desnudar nuestro interior, de involucrar el cuerpo, de aprender teatro y comprendernos un poco mejor a nosotros mismos y a los demás, llega el momento de compartir lo nuestro con el público.

Los nervios que podáis sentir son normales, son humanos, son necesarios,  incluso pueden ser divertidos…

Solo deciros que el trabajo ya esta hecho…!!!!! Tenemos plena confianza en todos y cada uno de vosotros, os hemos visto en escena tantas veces, os hemos visto el alma actuando tantas veces…. y siempre ha sido muy bonito….

Lo único que queda este sábado es compartir con los vuestros, disfrutar de vosotros mismos, de vuestras creaciones, de vuestros compañeros… que han estado ahí, desde el primer día haciendo de red…

Os mandamos un abrazo  y mucha confianza (que es el antídoto del miedo).

… Adelante creadores….!!!!!

Os esperamos con los brazos abiertos para abrazar todo vuestro trabajo y vuestras creaciones….!!!!….

Y cualquier experiencia que surja…!!!

Un beso muy grande!

P.D:

1) Si queréis podéis ver el vídeo de testimonios de alumnos, varios de ellos hablan de su experiencia con la Performance y la  Muestra de final de curso.

VIDEO TESTIMONIOS

2) Os dejamos también unas palabras de David Mamet que nos encantan:

  • La ansiedad, el miedo, la culpa, los nervios, la ambivalencia, las dudas, la confusión, la timidez, son condición humana y material del arte. Muchos de estos estados os han empujado al teatro, forman parte de la vida y de nuestra época. El público va al teatro para enfrentarse a su ansiedad, incertidumbre, culpabilidad, incoherencia, la responsabilidad que tenéis para el público, es enfrentaros a vuestros propios estados, sin esconder la cabeza en la arena.
  • Llevad al escenario lo mismo que lleváis a una habitación: la persona que sois.
  • La habilidad en la interpretación es un acto físico. No os inventéis nada, no os dejéis nada, hablad claro, poneos derechos.

Isabel y Laura

 

El grupo como oportunidad

EL GRUPO

Desde que nacemos vivimos en grupo. Nuestros dolores y alegrías asoman en los vínculos. Lo vivido nos impulsa a construir una manera propia de funcionar, de percibir, pensar, sentir y actuar. Nos formamos una ideología de vida: la gente es…(de tal o cual manera)… y por lo tanto yo… Conocemos algunas de nuestras creencias y las podemos defender o cuestionar, pero hay algunas ideas sobre las que ni siquiera podemos reflexionar ya que no somos conscientes de ellas, actúan cómo un automatismo en nuestro interior y digamos que se disparan solas.

En un grupo donde no sólo se actúa y se observa, sino que además se cuenta y se escucha, aprendemos que cada uno tiene su manera de estructurar el mundo y sus vivencias.

Actuamos según lo conocido y a menudo mantenemos situaciones por inseguridad o por miedo a las consecuencias de un cambio. Resulta un riesgo probar formas nuevas nos preocupa perder afectos, posiciones, certidumbres. El trabajo en un grupo de el teatro como oportunidad, constituye un espacio confiable de experimentación, un lugar donde probar lo nuevo y ver lo que se moviliza. Algunas veces nos ayuda comprobar que simplemente haciendo algo diferente, nuestra forma de entender la realidad puede cambiar, pero esto es algo que cada uno tiene que comprobar por sí mismo y el grupo es una ocasión, Marcelo Percia, escribe: “El grupo funciona como un ‘espacio de juego’. Cada uno dice y actúa lo propio. De este modo ponen en escena las forma de mirar que cada uno carga sin darse del todo cuenta”.

El interés en el trabajo suele ser personal: yo quiero o necesito tal cosa, yo quiero aprender… y el grupo constituye una oportunidad. El grupo incluye el nosotros, un espacio de fuerza compartido. En presencia de los otros se agita lo que estaba en potencia en cada uno: simpatía, rivalidad, solidaridad, amor, los celos… Lo que sucede en el grupo resuena en los participantes.

Los participantes del grupo acusan el impacto emocional y acompañan con su presencia. Ruth Cohn, contemporánea de Fritz Perls, traducía su estilo como: Método del coro griego, ya que el trabajo de Perls provocaba una resonancia coral, un impacto emocional y dramático del que nadie podía sustraerse, se producía un contagio de autenticidad que avivaba la textura grupal.

Spinoza afirma que la capacidad de afectación que tenemos las personas, equivale a una activación donde algo causa asombro en el alma porque derrama repentinamente luz sobre sus sombras.

El teatro como oportunidad lo hacemos en grupo. El grupo tiene un asunto en común que lo convoca: la tarea (obra, representación, espectáculo, ensayo, formación). Existe un momento dónde tomamos distancia de “lo propio” para dedicarnos a la tarea en común y dar un fruto que pueda ser disfrutado por el público (ya sean compañeros, amigos o la comunidad).

Para Peter Brook la interpretación en teatro es una creación del conjunto que conlleva un pavoroso pensamiento común. Brook plantea el siguiente ejercicio de grupo: coge la famosa frase: Ser o no ser, ésa es la cuestión y la divide ocho partes para ser expresadas por ocho personas, una palabra cada una, procurando que la frase siga viva. Resulta difícil conseguirlo, rápidamente se observa lo cerrado o insensible que uno puede estar respecto a los compañeros, pero el ejercicio sigue hasta que la frase surge de pronto como un pensamiento único y en ese momento se experimenta una conmovedora libertad y cohesión.

El objetivo de este ejercicio es llevar al grupo a un punto tal, que si una de las personas realiza algo inesperado pero auténtico, los otros tienen que captarlo y responder al mismo nivel, para seguir manteniendo viva la corriente dramática. Esta idea puede trasladarse al trabajo de desarrollo personal, dónde la autenticidad llama a la autenticidad y la simulación suena como un tono discordante.

 

¿QUÉ ME APORTAN LAS EMOCIONES?

Por Paula Fernandes

Actriz, ex-alumna y actual colaboradora en El teatro como oportunidad

Las cuatro emociones en las que hemos profundizado en este proceso son: el miedo, la rabia, la alegría y la tristeza, son conocidas como básicas porque son comunes a todas las personas, de cualquier época y cultura, y desempeñan un papel fundamental en el desarrollo psíquico del ser humano. Nuestras emociones nos conectan con nuestras necesidades diarias cuando se hacen conscientes y les damos un espacio para después dejarlas ir.

La secuencia sería: ver, reconocer, observar, integrar, dejar ir. No obstante, tendemos a quedarnos en lo mental, en juzgar el por qué me siento como me siento. Para salir del bucle mental, es importante atender a las sensaciones, a la conexión con nuestro cuerpo: ¿Dónde se aloja esta emoción? ¿En el pecho? ¿En el estómago?.

Una vez que tenemos consciencia de la emoción, lo importante es darle espacio, permitir su expresión sin juzgarla como buena ni mala. Las emociones no son ni buenas ni malas, aceptando que pueden ser agradables o no.

Somos responsables de cómo vivimos y dejamos vivir nuestras emociones: puedo decidir escucharlas y darles su espacio o no, puedo intentar disimularlas o reaccionar sin consciencia y ser embargada por ellas.

Aceptarme tal como soy significa también ser sincera con lo que estoy sintiendo, dejando a un lado juicios y “deberías”.

 

La aportación del miedo

El miedo es como una alerta que me protege de hacer o recibir daño. El miedo me enseña a ser prudente cuando lo atiendo. Durante este proceso he sentido miedo. Algunas veces he sido consciente de ello otras, me ha arrollado, como si yo fuera lo que estaba sintiendo. ¿Miedo a qué? A no hacerlo bien, miedo de no ser querida y aceptada, miedo de hacer el ridículo, miedo, miedo… Sentía el cuerpo pequeño, atrapado, las manos sudadas, la voz muda y el perro de arriba: “no puedes, no lo haces bien, no eres especial, nadie te ve…”.

Recuerdo por ejemplo que, cuando salía con mi grupo a improvisar, solo podía pensar en lo mal que lo iba hacer y en que no estaría a la altura de los demás, porque no soy ni lista ni rápida en contestar… y aunque me daba cuenta de mis pensamientos, no los podía parar. Respiraba profunda y lentamente y sentía todo mi cuerpo temblar de la explosión de adrenalina, posterior a la tensión de salir a escena. El miedo me crea un estado de alerta que se relaja cuando veo que el otro lo puede hacer a pesar de su propio miedo, antes podía ocurrir que sintiera celos o envidia porque, según mi juicio, el otro hacía las cosas mucho mejor que yo. Durante el trabajo, a veces sentía un pequeño regocijo cuando al otro las cosas no le salían como esperaba, lo que me daba mucha vergüenza y hacía que me viera como un monstruo. Supongo que en esos casos de alguna manera me sentía con poder sobre el otro, tan poca era la seguridad y confianza que tenía en mi misma…

Sigo trabajando en darme cuenta de mi miedo, un miedo que me ha hace ser prudente a veces, por ejemplo, cuando cojo un coche, y otras es simplemente un viejo patrón de pensamiento que se va rompiendo poco a poco, dando lugar a una mayor confianza en mí misma y autenticidad en mis relaciones.

 

La aportación de la rabia

La rabia me enseña a poner límites o a romper con situaciones y patrones que no me sirven. Me costaba decir “no”, y me encontraba una y otra vez en las mismas situaciones porque, simplemente, me costaba mucho atender mis necesidades en primer lugar y me daba innumerables excusas para seguir aceptando lo que no quería. Personalmente, el miedo y rabia son dos emociones que van la mano, casi siempre aparecen juntas, aunque normalmente una me costaba más de reconocer que la otra. Renuncio a decir “no”, porque tengo miedo que dejen de quererme, que no me acepten. “Tengo que ser buena, alegre y disponible”. Pero después aparece la rabia por no haberme respetado y no haber atendido a mis necesidades. Y exploto y mis emociones mandan. Durante el trabajo teatral, he sentido rabia, frustración y ganas contenidas de gritar, cuando he dudado de mis capacidades, en los momentos que quería hablar y no me di permiso, en los momentos en que me cerré a causa del miedo, cuando quería abrirme. Así que ha sido de gran ayuda poder expresarme y con un gran impulso decirme: “¡sí que puedo!” y salir al escenario sin importarme si lo voy hacer bien o no. Y aprender a decir: no, cuando lo necesito.

 

La aportación de la tristeza

La tristeza es una emoción con la que me siento cómoda, me resulta confortable y familiar, me ayuda a conectar conmigo y con ello me siento más creativa. La tristeza es una fase indispensable en un proceso de duelo, de despedida, de separación o de pérdida. Las lágrimas pueden sanar muchas heridas y ayudar en el proceso de restructuración de uno mismo. La tristeza puede manifestarse también cuando estamos anclados en el pasado, en el “cómo fue”, sin aceptar el aquí y ahora. Así que, dejarme sentir la tristeza conscientemente es soltar (una persona, un trabajo, una situación) y aceptar esa realidad. Este proceso me ha ayudado a que me diera cuenta de que algunas veces utilizaba la tristeza para manipular a los demás, aunque me avergüence admitirlo. Me hacía más frágil, más niña, más inocente, más pequeñita a ojos de los demás, buscando sus cuidados y halagos: conozco bien el papel de víctima. Así que utilizaba mi tristeza tanto para atraer como para distanciar. La tristeza me sirve a veces de muro porque necesito recogerme, protegerme, encerrarme en mí misma, situarme donde me siento más segura.

A partir del trabajo teatral lo he podido observar también en mi día a día y puede que por eso ya no me sienta tan triste.

 

La aportación de la alegría

La alegría es cálida, se dirige al exterior, al otro. Nos proporciona ganas de compartir, de contactar y de conectar, siendo la responsable de la curiosidad que nos lleva a explorar el mundo, de la ternura que nos lleva al cariño y también al desarrollo saludable de la sexualidad. La alegría surge cuando estamos a gusto con nosotras mismas. La serenidad es el punto medio entre la euforia y el aislamiento y nos ayuda a gestionar la alegría y a crear vínculos seguros y sanos.

La alegría ha sido la emoción más presente en mi experiencia en el Teatro como Oportunidad. La alegría del grupo, las ganas de compartir y de conectar con el otro han sido tan grandes que, en cierta manera, me han inspirado y servido de espejo y catalizador de mi propia alegría. He disfrutado jugando con el otro, bailando, dando y recibiendo cariño. Aunque a veces empezaba con vergüenza y miedo, poco a poco me iba sintiendo a gusto, dejando de juzgarme y de creer que era juzgada por los demás. Me he sentido segura y sostenida por el grupo más que en el trabajo individual, ayudándome a desafiar mi inseguridad y mi miedo, sobretodo al principio, cuando mis vínculos aún eran débiles. La alegría del grupo ha conseguido que me sintiera a gusto conmigo misma, orgullosa de mis pasos al frente cuando sentía miedo y por el propio avance del grupo, alegrándome de los logros de mis compañeros.

Las emociones son una guía única, que me ubica en mi aquí y en mi ahora, que me informa de lo que me está sucediendo y, si las escucho y las abrazo durante el tiempo que me piden, estoy abriendo y ofreciendo un espacio a mi transformación.