El grupo como oportunidad

EL GRUPO

Desde que nacemos vivimos en grupo. Nuestros dolores y alegrías asoman en los vínculos. Lo vivido nos impulsa a construir una manera propia de funcionar, de percibir, pensar, sentir y actuar. Nos formamos una ideología de vida: la gente es…(de tal o cual manera)… y por lo tanto yo… Conocemos algunas de nuestras creencias y las podemos defender o cuestionar, pero hay algunas ideas sobre las que ni siquiera podemos reflexionar ya que no somos conscientes de ellas, actúan cómo un automatismo en nuestro interior y digamos que se disparan solas.

En un grupo donde no sólo se actúa y se observa, sino que además se cuenta y se escucha, aprendemos que cada uno tiene su manera de estructurar el mundo y sus vivencias.

Actuamos según lo conocido y a menudo mantenemos situaciones por inseguridad o por miedo a las consecuencias de un cambio. Resulta un riesgo probar formas nuevas nos preocupa perder afectos, posiciones, certidumbres. El trabajo en un grupo de el teatro como oportunidad, constituye un espacio confiable de experimentación, un lugar donde probar lo nuevo y ver lo que se moviliza. Algunas veces nos ayuda comprobar que simplemente haciendo algo diferente, nuestra forma de entender la realidad puede cambiar, pero esto es algo que cada uno tiene que comprobar por sí mismo y el grupo es una ocasión, Marcelo Percia, escribe: “El grupo funciona como un ‘espacio de juego’. Cada uno dice y actúa lo propio. De este modo ponen en escena las forma de mirar que cada uno carga sin darse del todo cuenta”.

El interés en el trabajo suele ser personal: yo quiero o necesito tal cosa, yo quiero aprender… y el grupo constituye una oportunidad. El grupo incluye el nosotros, un espacio de fuerza compartido. En presencia de los otros se agita lo que estaba en potencia en cada uno: simpatía, rivalidad, solidaridad, amor, los celos… Lo que sucede en el grupo resuena en los participantes.

Los participantes del grupo acusan el impacto emocional y acompañan con su presencia. Ruth Cohn, contemporánea de Fritz Perls, traducía su estilo como: Método del coro griego, ya que el trabajo de Perls provocaba una resonancia coral, un impacto emocional y dramático del que nadie podía sustraerse, se producía un contagio de autenticidad que avivaba la textura grupal.

Spinoza afirma que la capacidad de afectación que tenemos las personas, equivale a una activación donde algo causa asombro en el alma porque derrama repentinamente luz sobre sus sombras.

El teatro como oportunidad lo hacemos en grupo. El grupo tiene un asunto en común que lo convoca: la tarea (obra, representación, espectáculo, ensayo, formación). Existe un momento dónde tomamos distancia de “lo propio” para dedicarnos a la tarea en común y dar un fruto que pueda ser disfrutado por el público (ya sean compañeros, amigos o la comunidad).

Para Peter Brook la interpretación en teatro es una creación del conjunto que conlleva un pavoroso pensamiento común. Brook plantea el siguiente ejercicio de grupo: coge la famosa frase: Ser o no ser, ésa es la cuestión y la divide ocho partes para ser expresadas por ocho personas, una palabra cada una, procurando que la frase siga viva. Resulta difícil conseguirlo, rápidamente se observa lo cerrado o insensible que uno puede estar respecto a los compañeros, pero el ejercicio sigue hasta que la frase surge de pronto como un pensamiento único y en ese momento se experimenta una conmovedora libertad y cohesión.

El objetivo de este ejercicio es llevar al grupo a un punto tal, que si una de las personas realiza algo inesperado pero auténtico, los otros tienen que captarlo y responder al mismo nivel, para seguir manteniendo viva la corriente dramática. Esta idea puede trasladarse al trabajo de desarrollo personal, dónde la autenticidad llama a la autenticidad y la simulación suena como un tono discordante.

 

Respirar el escenario

La respiración es una función automatizada de nuestro organismo a la que, raramente, prestamos atención. Es un aspecto caudal en la interpretación teatral y no puede disociarse del trabajo de la voz y la dicción. Pero la respiración no solo está relacionada con la fonación, la práctica de cualquier ejercicio físico requiere de la toma de conciencia de la propia respiración y aprender a regularla para conseguir un mejor desempeño.

Observar la respiración no sólo nos permite ser atender a ella, sino que además podemos percibir los estados internos que, de forma inconsciente, en ella se reflejan. La respiración es una función básica del cuerpo que facilita todas las demás, pero también es un elemento de comunicación no verbal. Como receptores, captamos las sutilezas sobre el estado del otro en la manera en que respira, en su agitación o su calma…

En El teatro como oportunidad buscamos, entre otras cosas, el bienestar personal a través de la acción colectiva de representar la realidad. Una realidad ficticia, que se crea sobre la marcha, como la vida misma. Para que el teatro nos sirva de herramienta para alcanzar el bienestar o el automejoramiento que nos proponemos, tenemos que entregarnos a vivir la realidad.

Cuando planteamos una escena, los personajes se topan con una situación que deben resolver en coherencia con quiénes son y con lo que necesitan y desean. El grupo, actúa de público, nos sirve de espejo y nos devuelve de forma explícita lo que ha pensado y sentido frente a la realidad representada.

Por otro lado, nosotros mismos observamos lo que ha ocurrido tanto a nivel interno como externo. Podemos entonces contrastar lo percibido por el grupo, nuestro público, y nuestra experiencia. A menudo, nos damos cuenta de que lo que hemos expresado no es igual a lo que hemos vivido ya que nuestro lenguaje no verbal transmite una información distinta de la que ofrecen nuestras palabras. Y nada de esto pasa desapercibido al espectador.

En la respiración encontraremos reflejadas estas divergencias ya que, si bien puede entrenarse para que sea globalmente más eficiente y aprovechar toda nuestra capacidad respiratoria, liberándola de malos hábitos y bloqueos, plasma de forma natural nuestro estado emocional.

La respiración responde a nuestras necesidades, se adapta a lo que hacemos y lo que sentimos: si tenemos que correr, se acelera; cuando descansamos se sosiega. El escenario acota lo que ocurre en una escena, por la que nos es más sencillo hacer un recorrido de lo que ha sucedido, que por el fluir de nuestra vida. Así podremos ver gracias a lo que nos señalan los demás y nuestra propia observación, cuando aparecen los bloqueos de la respiración, cuando usamos sólo la parte superior de los pulmones y cuando sacamos partido a toda nuestra capacidad (respiración de diafragma, profunda o completa).

Nos es ahora sencillo, poniendo la atención en nosotros y gracias a las observaciones sin juicio del grupo, advertir cuando cambia nuestra respiración y poder relacionarlo con lo ocurrido en escena por la aparición de un personaje, un giro en la situación… nos permite darnos cuenta de cómo y cuánto nos afectan sin que seamos conscientes de ello y, a partir de ahí, trabajar conforme a nuestras necesidades.

La respiración es una función vital que podemos hacer más consciente, cuando aprendemos a explorarla y a registrar los cambios que se producen en ella, llevando nuestra atención voluntariamente a la observación de la respiración. Y podemos utilizar esta práctica para dirigirla a favor de nuestro bienestar, en el escenario o en determinadas situaciones de la misma.

 

 

 

Texto, contexto y subtexto: la vida en 360 grados

Aunque nuestros talleres de teatro se basan en la improvisación, en los cursos de mayor duración a veces tenemos la oportunidad de trabajar el guión teatral, puede que sencillo y surgido precisamente de escenas improvisadas. Así como la improvisación goza de sus propios privilegios como herramienta de trabajo tanto para el teatro como espectáculo y como disciplina para el desarrollo del actor y de la propia persona, el texto teatral tiene otras cualidades interesantes para el mismo fin.

Un guión teatral, por simple que sea, lleva la convención del teatro a otro nivel: la cuarta pared entre escena y público, la proyección de la voz más allá del habla natural, el atrezzo… Los espectadores entendemos perfectamente que la escenografía que vemos es una reproducción. Y es lo que es el texto teatral: la reproducción imaginada de personalidades, relacionándose a través de un conflicto.

Lo que se muestra
Como actores el trabajo sobre un guión preestablecido, aunque sea por nosotros mismos, nos fuerza a (re)vivir una y otra vez una situación como si fuera la primera. Las palabras, la actitud corporal, la respiración debe de crearse desde cero cada vez. Cuando el actor no lo logra, el ojo del espectador, aunque predispuesto a creer, no puede evitar detectar la impostura. El propio texto teatral aporta además el contexto. Es un ejercicio de síntesis máxima: a través de las palabras que el autor indica que son de cada personaje, y alguna mínima indicación de lo que ocurre en escena –las acotaciones-, llegamos a inferir el momento histórico, la hora del día, la situación económica, familiar o de salud… en la que se encuentran los personajes.

El contexto se expresa a través del propio diálogo, a la vez que lo matiza y enriquece. A través de las palabras de los personajes y las emociones que expresan, comprendemos el mundo en el que se hallan inmersos. Desde su punto de vista por supuesto. El subtexto en cambio, nos transmite como afecta el contexto al personaje.

Lo que no se muestra
El subtexto es lo que ocurre más allá de la palabra, de lo que el personaje consigue verbalizar. En el subtexto se mezcla la realidad que rodea al personaje y su realidad interna y nos aporta una luz necesaria para comprenderlo, aportándole la verdad que se hace visible sobre el escenario.

No es necesario que los personajes de Otelo nos cuenten al detalle, lo dura que debió de ser su infancia, las dificultades que debió de tener para ostentar un puesto de importancia a causa del color de su piel, percibimos ese contexto de inmediato, expresado a través de la propia dureza de Otelo y de las animadversiones que despierta en algunos de los personajes que lo rodean. Texto y contexto construyen el subtexto, la ”materia oscura” del teatro, aquello que está y se narra sin ser nombrado ni expresado directamente. El subtexto nos susurra sobre ese Otelo que en su realidad, día a día tiene que ganarse un puesto del que ni él mismo se cree merecedor, como tampoco se cree merecedor del amor de Desdémona y desconfía de ella, y nos cuenta de la ceguera que le provoca su propia inseguridad hasta el extremo de asesinar a quien más ama, incapaz de creer en la pureza de su amor hacia él.

El texto teatral nos ofrece una visión total de la vida, de lo que se manifiesta en ella y lo que no pero que también percibimos, y como actores nos empuja cada vez que repetimos unas palabras ajenas a apropiárnoslas, a integrarlas dentro de la realidad del personaje, y tal vez nuestra. Y de esta realidad emana todo un mundo, que completa la realidad la de las motivaciones, creencias, pasiones y contradicciones que rigen la vida humana desde el silencio.

El teatro, junto con la Gestalt, son una oportunidad de poner nuestra consciencia en nuestro propio subtexto, para observar, comprender y actuar tanto en el escenario como en la vida.

La sesión de teatro y Gestalt: el punto de partida

Las sesiones de trabajo de teatro y Gestalt pueden ser muy distintas dependiendo de si tiene un enfoque concreto, del número de participantes, si se trata de un taller o de un curso, pero hay líneas comunes en todos las sesiones que pueden ayudarnos a resolver dudas e inquietudes.

El teatro como oportunidad tiene como objetivo-marco el desarrollo personal a través de técnicas teatrales y viceversa.

¿Qué entendemos por desarrollo personal? Se trata del camino que recorremos en busca de sentirnos mejor de forma global partiendo de alcanzar nuestro propio bienestar personal y extenderlo a lo colectivo.

Las técnicas de expresión y autodescubrimiento se han demostrado muy útiles en esta tarea, encontrarás en este blog diversos artículos en el que lo explicamos. Para empezar los facilitadores, terapeutas, directoras, generamos las dinámicas – yendo de lo más sencillo a lo más complejo- y acompañamos a las personas durante la sesión de trabajo creando red. Desde nuestra perspectiva particular, nos centramos en el aquí y el ahora teniendo en cuenta las características de la sesión que hemos descrito antes.

Cada uno de nosotros llega a la sesión como llega. Estamos acostumbrados a empezar una tarea e intentar “dejar fuera aquello con lo que venimos” para focalizarnos en el momento presente. Pero el esfuerzo a menudo es en vano ya que no podemos desprendernos a voluntad de nosotros mismos.

Por eso nuestro punto de partida es: para situarnos en el aquí y el ahora debemos tomar conciencia de cómo nos encontramos en este preciso momento, nuestro cansancio, nuestra alegría, nuestra timidez o nuestras dudas son bien recibidas.

Partiendo de cómo estamos en el momento presente podemos trabajar aspectos ajenos a la sesión de forma creativa, pero la conciencia de quién soy y cómo estoy en éste momento es fundamental.

Imagina que cada día le dedicaras un solo minuto a hacer un “escáner” a tu cuerpo: dónde me duele y dónde ha dejado de dolerme, qué postura corporal adopto de forma inconsciente, me sobran las energías o me siento sin ellas… Nada más, sin buscar causas ni soluciones, sólo observar nuestra situación corporal.

¿Y si dedicaras otro minuto al estado interno? En nuestras ajetreadas vidas es difícil que le prestemos atención a las emociones y los pensamientos que cruzan nuestro mundo interior de forma constante. Dedicarle unos instantes a simplemente fijar nuestra atención a todo esto modifica nuestra perspectiva y nos deja ver el algo más de bosque.

Desde el saber cómo me encuentro en este momento y en este lugar, desde la verdad que es el instante presente podemos empezar a alejarnos de él con nuestra imaginación y acción, construyendo desde la base que eres en este instante y no desde lo que te gustaría, te sería más cómodo o ideal.

Para variar vamos a tomar conciencia de todo lo que nos acompaña a nivel físico, emocional y mental, vamos a aceptarlo a darle permiso de ser simplemente lo que es y vamos a ponernos a trabajar a hacer lo que toca, a partir de lo que hay. Ya veremos hasta dónde llegamos y cómo tu estado ha participado del trabajo en la sesión.

Porque en teatro solo podemos construir la ficción desde la verdad y la verdad eres tu, aquí y ahora.

¿Maestro o persona?

La persona y el maestro

La pregunta del titulo se responde sola, ¿o no?

Cuántas veces no habremos oído aquello de que cuando se llega al trabajo hay que ponerse el traje profesional y dejar fuera nuestra vida personal, aunque muchas veces ocurra, más por que la tarea nos absorbe que por los esfuerzos que hagamos para aislarnos de nuestro propio estado personal.

El teatro como oportunidad nos abre la puerta a olvidarnos de ésta consigna tan difícil de aplicar, como insensato de llevar a cabo, y trabajar justo en el sentido contrario: cuanto más nos conozcamos y aceptemos como personas, mejores profesionales vamos a ser.

La importancia de la persona que está educando

Si el desarrollo personal saludable es deseable para todos los perfiles profesionales, en el caso de educadores y pedagogos, resulta esencial.

Los maestros y educadores disponen de una herramienta central para realizar su trabajo: su propia persona. Mediante ésta herramienta el educador hace uso de muchas otras y trabaja por los objetivos que se plantean para con sus alumnos.

Las nuevas tendencias educativas ponen su atención en el alumno, como persona integrada en diversos sistemas en el que se desarrollan aspectos de su personalidad (entendida como un todo mental, emocional y corporal). ¿Tenemos suficientes recursos para comprender las complejidades de nuestros alumnos y las nuestras propias? ¿Cómo podemos aproximarnos más a sus realidades sin invadir su intimidad y ejerciendo el rol que nos corresponde?

El rol que desarrollamos como educador es fundamental para establecer la relación significativa en la que fundamentar nuestro trabajo pedagógico y preferimos que sea claro, coherente y auténtico.

El teatro: herramienta personal al servicio del profesional

En cualquier situación de relación, se ponen en juego multitud de factores. En el caso de la relación pedagógica éstos factores son exponenciales: cada individualidad, se desarrolla en contacto con otras individualidades, con estados de ánimo cambiantes, motivaciones, intereses y hábitos diversos… Cada contexto educativo es un universo en sí mismo.

El teatro como oportunidad pedagógica nos abre las puertas a un trabajo sobre nuestro yo en un sentido amplio, y a cómo este yo se desarrolla profesionalmente cuando estamos frente a éste universo.

Desde la perspectiva de la Gestalt, separar el yo-personal del yo-profesional resulta tan inconcebible como separar el yo-emocional, del yo-mental y el yo corporal.

Afrontar la labor pedagógica es complejo, significa poner en funcionamiento muchos aspectos de nuestra personalidad y tomar conciencia de mi mismo: cómo me siento, qué pienso, cómo actúo.

El teatro es una oportunidad para el maestro de identificar sus recursos, sus potencialidades y sus procesos creativos, así como los miedos y bloqueos a los que puede ser que se enfrenten en su tarea. ¿Qué máscara me pongo? ¿Qué efecto tiene esta máscara en mí como persona, y en el desarrollo de mi profesión? ¿Qué ocurriría si cambiara mi forma de relacionarme conmigo mismo y con los otros?

El teatro como oportunidad nos permite explorar las respuestas a éstas preguntas, con la tranquilidad que nos da el escenario, ese lugar dónde la realidad puede tomar cualquier forma y contenido, dónde el correcto y el incorrecto se substituyen por el hecho o no hecho, y dónde la verdad es un juego y el juego es verdad.

La persona frente al alumno. El maestro frente a la persona

Desarrollar nuestra capacidad de comprender lo que nos pasa nos ayudará a entender lo que le pasa al otro, entender sus necesidades desde la empatía, el sentido del humor, el permiso al ridículo o al fracaso.

Saber detectar nuestros miedos y bloqueos nos ayudará a detectar los ajenos, y ser más eficaz en nuestra comunicación y más auténticos en la relación con nuestros alumnos sin llevarlos a equívocos de rol, haciéndole espacio al disfrutar en todo el proceso de aprendizaje, el disfrutar de todos los participantes, tengan el rol que tengan.

El juego y la creatividad fueron relegados al tiempo de recreo y áreas concretas en las que éstos son apreciados, como la plástica o música. Pero el juego es un vehículo magnífico, y en ciertas etapas madurativas imprescindible, de aprendizaje. Y la creatividad es un recurso personal de inmenso valor para cualquier aspecto de la vida, que puede ser fomentado en diversas áreas.

El teatro nos ofrece la oportunidad de reconectar el juego y la creatividad más que con una área particular, con un modo de afrontar la tarea, tanto la nuestra como pedagogos como la de los alumnos, brindándole espacio a la espontaneidad, al error, a la imaginación, al reírse de uno mismo… en definitiva a la persona tras el rol, sea el que sea.