Uta Hagen fue actriz, teórica del teatro y de una de las maestras más influyentes en el teatro de los Estados Unidos en los últimos cuarenta años. En su libro “Un reto para el actor”, sostiene que la lucha por conocerse a uno mismo no termina nunca y que es necesario ahondar en los sentidos físicos, en la propia psicología y en las emociones para lograr la autenticidad en escena. Considera primordial ahondar en la comprensión de la propia persona para la actuación: “los componentes básicos de los personajes que encarnaremos residen en algún lugar de nuestro ser”[1]. Para ella la actuación se basa en el estudio de los conflictos y las relaciones humanas, y afirma que para poder representar a otros seres humanos hay que tener un cierto conocimiento sobre uno mismo, escribe: “Entendí perfectamente que debía aprender a ampliar el concepto que tenía de mí, y ahondar en la idea de quién era yo en realidad si lo que deseaba era implicar a mi alma y ponerla al alcance de los diferentes personajes”[2]. En su labor de pedagoga teatral recomendaba a sus actores la “auto-observación”, con la práctica de lo que ella denominó: “ejercicios de estiramiento de la identidad”, una forma de registrar singularidades propias para ponerlas más tarde al servicio de los personajes.

 

Su propuesta para la creación de un personaje (para orquestar un papel dramático), está basada en la búsqueda e investigación del actor sobre el objetivo del personaje; los obstáculos y lo que ella llama el escenario.

Respecto al objetivo, las preguntas que el actor debería plantearse son: ¿Qué quiero conseguir? y ¿Qué tengo que hacer para conseguirlo?

Sobre los obstáculos con los que se encuentra la pregunta es: ¿Qué me impide conseguir mi objetivo?, tomando en cuenta tanto los impedimentos externos como internos.

Y sobre el escenario se trata de construir la atmósfera de lo que ocurre en la escena: ¿Qué te está sucediendo ahora? Siempre en primera persona y en tiempo presente.

 

Para Uta Hagen, el escenario siempre debe incluir las siguientes preguntas: ¿Quien soy (esta vez)?, ¿En qué circunstancias estoy? (tiempo, espacio, contexto), ¿Cuáles son mis relaciones? y ¿Qué hago para conseguir lo que quiero? Algunas de estas preguntas planteadas en el trabajo del actor, son afines al quehacer gestáltico. Fritz Perls en el trabajo con los sueños utiliza el tiempo presente para pasar del relato al tiempo del drama y la primera persona del singular para hablar desde uno mismo, encarnando los objetos que aparecen en el sueño.

Como pedagoga Uta Hagen se ocupa de la preparación técnica del actor, divide las técnicas en: técnicas externas y técnicas humanas. En cuanto a las técnicas externas se centra en tres aspectos fundamentales: el cuerpo, la voz y la dicción.

– El cuerpo es el instrumento más visible mediante el cual se comunican los pensamientos y emociones más sutiles. Su trabajo se centra en el entrenamiento del movimiento corporal hasta conseguir responder de forma espontánea a los estímulos que involucran a los diferentes personajes.

– La voz la considera un instrumento esencial que hay que aprender a templar para alcanzar la flexibilidad necesaria y darle voz a diversos los personajes. Su idea es poner la voz al servicio del personaje sin necesidad de utilizar estrategias que hagan estar al actor demasiado tenso y pendiente de sí mismo.

– La dicción es lo que diferencia al actor de los demás artistas de las artes escénicas. Para Uta Hagen la tarea del actor es lograr  una dicción sin afectaciones ni superficialidad.

 

En cuanto a las técnicas humanas su propuesta se centra en la actuación realista, piensa: “la realidad es teatral”[3]. Considera que el realismo permite al actor encontrar los comportamientos que más se adecuan a las necesidades del personaje y que ha de buscar en su propia vida para crear una nueva vida sobre el escenario.

Para Uta Hagen el actor debe ser flexible, conocer los matices de su ser y poder actuar desde distintos lugares sin rechazar ninguno, escribe: “…si un intolerante expresa sus opiniones racistas, me comporto con arrogancia; puedo comportarme como una snob, aunque me considere la más liberal entra las liberales y la más humanista entre las humanistas. Me considero una persona valiente a pesar de que cuando veo un ratón me pongo histérica[4]. La relación con los otros actores es parte del aprendizaje, “Si estás durante un tiempo con otro actor y tu interpretación no varía, eres un mal actor”[5]. Explica que la interpretación no es algo que se puede repetir siempre de la misma manera, va cambiando y se va modificando según la relación con otros actores y con el público: “Nadie nunca aprende realmente cómo se hace. El estudio de la conducta humana es infinito. Nunca lo vas a entender completamente y eso es lo maravilloso”[6]. Aprecia la espontaneidad y la creatividad personal, señala: “no olvides que en tu vida cotidiana, en todas las formas posibles de dramatización espontánea, tu propio ser es siempre el eje central[7]. No se trata de copiar comportamientos, sino de buscar y encontrar la infinidad de facetas y aspectos que se manifiestan en el proceder, en el alma y en la imaginación del actor. Al actor le corresponde enfrentarse a sí mismo, no ocultarse nada, ser capaz encontrar las respuestas necesarias para crear realidad en la actuación.

El objetivo artístico que asume Uta Hagen es el de preparar el instrumento del actor, que: “En el caso de un pianista es el piano, en el caso del actor es él mismo”[8]. Al actor le pide mantener una curiosidad insaciable por la condición humana y un cuerpo y una voz flexibles y educados. Su propuesta de actuación está basada en: la adaptación a lo que sucede en escena; la concentración en el aquí y el ahora; la modificación a partir del contacto con los otros actores; la descripción y comprensión del personaje en primera persona. Esta orientación resulta afín al enfoque gestáltico y ofrece recursos bien estructurados que facilitan la conciencia y la presencia en la propia actuación.



[1] Hagen, U. “Un reto para el actor”. Alba Editorial. 2002

[2] Ídem

[3] Hagen, U. “Un reto para el actor”. Alba Editorial. 2002

[4] Ídem

[5] Ídem

[6] Ídem

[7] Ídem

[8] Hagen, U. “Un reto para el actor”. Alba Editorial. 2002

El teatro

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Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

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