El argentino Daniel Veronese es reconocido por varios de sus oficios dentro del teatro: dramaturgo, director, actor y titiritero y su prestigio se ha extendido dentro del teatro argentino de los últimos 20 años. Jorge Dubatti en el prólogo del libro “Cuerpo de Prueba I”, define a Daniel Veronese como un teatrista de múltiples desempeños  y que su teatro que produce una especie de apocalipsis porque no deja nada en pie (teatrista, como creador que maneja varios de los oficios del teatro).

El teatro de Veronese es llamado de diferentes maneras: teatro bastardo, teatro jeroglífico, teatro de la otra realidad, un teatro que quiere ir más allá de las zonas conocidas del teatro moderno y del post-moderno. Dice Dubatti, que el realismo se ha transformado en lo políticamente correcto y afirma que cualquier realismo es fascista porque intenta forzar una única lectura de eso que se vive subjetivamente, y el teatro de Veronese recupera el efecto catártico purificador de éste arte, “Esa es la única función del teatro: no copiar la realidad sino malformarla, generar un fenómeno reactivo, una especie de defensa del virus: caer enfermo frente a ese objeto que uno ve, o sanarse definitivamente[1]”. Explica que teatro realista y el naturalista (moderno), que estamos acostumbrados a ver, es un teatro que muchas veces actúa como un espejo dónde el espectador puede reconocerse. Un teatro que cuestiona valores y reivindica ideologías con el fin incidir en la realidad modificándola. La estructura de este teatro moderno, del cual Veronese se aleja y diferencia,  mantiene una dramaturgia progresiva: un principio, un medio y un final, con una graduación de conflictos; oposición de caracteres en los personajes; causalidad en las acciones; tiempo y espacios que conservan un realismo. Los acontecimientos rozan lo posible y lo real, los personajes poseen una identidad psicológica, comportamientos, motivación,  pertenencia social y cualidades, definibles y diferenciadas. El lenguaje de este teatro confía en gran parte en la palabra, con su capacidad de expresión y de creación de sentido. El teatro de Veronese se aparta de esta forma de representación realista, y no se somete a la construcción psicológica de los personajes, ni al realismo del drama moderno. Su creación parte de la observación de la realidad, pero se desvía a través del expresionismo, para traer a escena un mundo paralelo al mundo, con reglas propias, con un lenguaje metafórico dónde la estructura narrativa es distante y no tiene una causa-efecto predecible. La imagen puede ser surrealista o demasiado real, refleja lo cotidiano desvirtuado, malformado, como un espejo cóncavo que distorsiona la realidad. Sus actores en el escenario no dicen el texto, sino que golpean con toda intensidad. Se provocan y nos provocan. El teatro de Veronese es llamado el Teatro de la otra realidad, de una realidad develada, degradada, una especie de violencia que avasalla los derechos de los personajes: libertad, identidad, propiedad, intimidad, dignidad. Esta violencia mostrada y a la vez negada, deja a la escena sin parámetros conocidos desde dónde abordarla, por momentos la acción aparenta ser familiar y reconocible, cercana a nuestra razón, pero de repente otra razón ajena cruza la escena y hace desaparecer los sentidos que habíamos construido y convierte la forma en ambivalente. Dice Dubatti que Veronese construye una poética infernal, de pesadilla: “Lo pesadillesco invade el orden cotidiano, lo inmediato, el mundo más cercano, por lo que la violencia deviene también en inmanencia, posibilidad de acontecimiento, latencia con la consecuente percepción de lo siniestro (entendido en términos freudianos, como la velada manifestación del mal en lo familiar y conocido)[2]”. Veronese se acerca más la realidad al sueño o la pesadilla, una pesadilla de vigilia dónde se procesan los datos de la vida cotidiana y del momento histórico social de un país. Este teatro surge después de la dictadura argentina y muchas de sus obras tienen esa connotación de otro “régimen”, algo subyacente en una realidad aparentemente cotidiana. Pone en escena una época marcada por la desinformación en los medios de información, por la incertidumbre, la opacidad, dónde paradójicamente el aluvión de imágenes e información, ciega y aturde. Una sociedad dónde los políticos aceptan un papel e interpretan una ficción como realidad. Veronese plantea un teatro que desteatralice una realidad que ya está  muy teatralizada. Se asemeja al teatro de Beckett, que imprime una mirada de distancia irónica a la realidad y agudiza la imaginación sin dar nada por sentado.

La realidad y el sueño se confunden. La tensión entre ambos no se resuelve, no hay un desenlace que aclare nada. Su teatro no explica sino que juega con la tolerancia al misterio. Un misterio que compartimos desde la ruptura de aquello que daba sentido a todo,la Razón,la Historia, Dios. Veronese sostiene que  las cosas pueden no entenderse pero igual acontecen, en este punto es fenomenológico, su teatro es de experiencia pura. Como ocurre en la pintura contemporánea, aparecen manchas que podemos ver y no entender, pero están allí. Utiliza el expresionismo para metaforizar la realidad y sus imágines acogen una concentración simbólica, que actúan como golpes a la conciencia.

Su teatro puede ser criticado como visión pesimista o violenta del mundo, pero se percibe en él energía de vida, de humor y pasión, ver sus obras resulta inquietante. Es un teatro más irracional, que nos hace vernos como extraños, acoge lo ambiguo y lo plasma sin sintetizar.  Podemos pasar del  yo pienso, al yo observo y siento. Si en otras formas de teatro tenemos que: el artista piensa A, expresa A, transmite A, y el espectador recibe A. Veronese muestra el mundo desde la incoherencia sin pretender sintetizar ni aclarar nada,  ni ilustrar un mundo dónde A es igual a A. En su teatro la fórmula sería: el artista piensa (¿?), expresa (¿?), transmite (¿?), y el espectador recibe (¿?). Busca la opacidad, niega el sentido común, acepta la polisemia, construye una lógica poética diferente dentro de un teatro no ilustrativo pero de comprensión accesible en términos artísticos. En apariencia este estilo de teatro tiene muy poco que ver conla Gestalt, con la búsqueda de una coherencia interna, pero a la vez es un teatro que muestra lo que hay, nuestra complejidad inapresable, el límite del entendimiento y de la expresión, nos saca de  la comodidad en la que todo encaja, para movernos entre sombras y entregarnos también a eso.

 



[1] Veronese, D. “Cuerpo de prueba I y II”. Editorial Atuel. 2005.

[2] Ídem.

 

El teatro

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Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

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