“… aquel cuya mente es un espejo del mundo llega a ser, en cierto sentido, tan grande como el mundo. Experimentará una profunda alegría al emanciparse de los miedos que agobian al esclavo de las circunstancias, y seguirá siendo feliz en el fondo a pesar de todas las vicisitudes de su vida exterior[1]”. Bertrand Russell

Cuando Jacobo Levi Moreno, en los años 20, propone el Psicodrama como teatro de la verdad personal, estaba depositando las semillas de ese amplio campo de integración de lo artístico en la terapia. Fritz Perls también utilizaba el teatro y el monodrama en su terapia, en sus técnicas expresivas y experimentos se evidencia la fuerte influencia de su conocimiento teatral. El teatro está considerado como un arte total, que utiliza diversos lenguajes: verbal, no verbal, plástico, visual, rítmico, musical. Se ha dicho que el teatro es la más humana de las artes, porque su materia es la gente y su esencia el conflicto. En el teatro, al igual que en la terapia, es habitual tratar con las contrariedades que genera la propia existencia humana. En el teatro el conflicto nos encara con los momentos de la vida en que las cosas se complican, cuando es necesario tomar una decisión vital o adentrarse en un camino incierto. En ese momento el teatro cobra vida y podemos vibrar en sintonía con lo que está sucediendo en la trama, ya que reconocemos el conflicto como parte de nuestra naturaleza. El teatro nos permite ver fuera las diferentes caras de  la existencia que se manifiestan en nuestro fuero interno como fuerzas en lucha.

 

El teatro es un juego al que estábamos acostumbrados a jugar de pequeños y cuesta recuperarlo, ya que nos alarma la idea de saltar un poco más allá de nuestra zona de comodidad, de los límites que hemos fijado como adultos. El teatro es una oportunidad para la vida, cuando la persona puede recuperar algo de su espontaneidad, energía y vitalidad, cuando deja de ocuparse de los resultados y se entrega al juego. En inglés se utiliza la misma palabra (play) para el verbo jugar y para el verbo interpretar.  Interpretar es parecido a jugar, se dice que mientras haya niños que se pongan un cubo por sombrero y se conviertan en otros, el teatro tendrá asegurada su existencia. Igualmente es oportuno aclarar, como veremos más adelante, que la profesión del actor requiere además de las ganas de jugar, requiere el conocimiento del arte escénico y un trabajo riguroso que compromete todo su ser.

Juan José Díaz en su artículo: “La Terapia Gestalten el marco de las nuevas tendencias en psicología”, publicado en la revista nº 27 de la AETG, plantea que: así como en la Psicología Positiva se trabaja con las fortalezas y los factores que contribuyen al bienestar personal, desde la Terapia Gestalttambién es posible enfocar nuestra mirada terapéutica hacia el bienestar personal: “Desde la Terapia Gestalt, fácilmente podemos adaptar algunas estrategias cognitivas para reevaluar los acontecimientos adversos, el aprendizaje del optimismo, la terapia de la risa, las escenificaciones cómicas y de clown, etc.”[2]. En la escena podemos hacer ensayos para la vida, del estilo: qué pasaría si yo hiciera tal cosa… o dijera tal otra. En el trabajo en grupo tenemos la posibilidad de un aprendizaje vicario, al identificarme con el drama ajeno y vibrar como espectador, puedo ver mi propia existencia dibujada en el espacio. Aristóteles decía que la identificación con el héroe de la tragedia, que era lo que facilitaba la catarsis en los espectadores.

Virginia Satir afirma que nuestra personalidad es lo que es, pero también aquello en lo que se convierte: “Cualquiera de nosotros, sin que importe en absoluto la edad, tiene cosas nuevas de sí mismo pendientes de ser descubiertas”[3]. Jugando a ser otro nos encontramos con nosotros mismos, nos sorprendemos al disfrutar con aquello temíamos, reconocemos que nos queda lejos la meta que nos hemos impuesto. Siendo otro tenemos permiso para proceder con una nueva franqueza, la del personaje y relacionarnos con la venia que nos ofrece. El teatro facilita el surgimiento de nuevas caras que nos interrogan, darles lugar es dejarnos cuestionar, sin apresurarnos en encontrar respuestas. El amor, el orgullo, la intuición, la risa, el odio, las lágrimas tienen un lugar en el teatro y no se enjuicia lo que allí sucede, lo que acontece en el instante presente ha de ser vivido con entrega, aunque posteriormente podamos reflexionar y elaborar los aspectos desvelados por la escena.



[1] Russell, B. “La conquista de la felicidad”. Editorial Debolsillo. 2011

 

[2] Revista dela AETG Nº 27, Juan José Díaz, “La Terapia Gestalt en el marco de las nuevas tendencias en psicología”, (pág.22 a 32). 2007.

[3] Virginia, S. “Todas tus caras”. Ed. Los libros del comienzo. 2006.

El teatro

Author El teatro

Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

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  • Antonio Domínguez Vi dice:

    Hace sólo tres años que participo de esta experiencia maravillosa, El teatro. Nunca pensé subirme a un escenario pero ha sido tan grata la experiencia que ya no puedo prescindir de él.
    Tengo 70 años y animo a todas las personas a que prueben , puedo certificar que es una cura contra la vejez, es una oportunidad para mejorar nuestro espíritu, te ayuda a realizarte como persona pero sobre todo y ahora hablo de mi caso particular, te provoca lo que ya muchas personas han perdido con la edad o por otras causas no relacionadas con la edad, es una palabra que nunca se debe perder, LA ILUSIÓN.
    Estoy muy contento de haberos encontrado y ya nunca os perderé.

    Un abrazo emocionado para las personas que trabajáis en hacer felices a los demás.

    • El teatro dice:

      Antonio tus palabras nos inspiran y nos dan fuerza!! Gracias, gracias y ti, a tu experiencia de vida y a la voluntad de compartir!
      Un abrazo desde Barcelona!

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