El concepto de participación en teatro es similar al de empatía en psicología, esto es: la habilidad de entender y poder sentir como el otro, pero manteniéndose separado, es una participación afectiva. La empatía o participación en teatro hace referencia al acercamiento emocional que se produce entre los actores, el público, y los personajes que se representan, se trata de la creación del vínculo entre unos y otros.

En el teatro de Stanislavski los actores se identifican emocionalmente con los personajes que representan utilizando la memoria emotiva, que hemos comentado al hablar de su trabajo. En su obra “El trabajo del actor sobre sí mismo”, Stanislavski dice: “Es la memoria que ayuda al actor a repetir todas las sensaciones conocidas, vividas anteriormente (…). Así como su memoria visual hace revivir ante su mirada interior un objeto olvidado hace mucho tiempo, un lugar una persona, la memoria emotiva puede hacer revivir emociones ya experimentadas.”[1]. Para Stanislavski el actor que está representando un personaje, encuentra en su archivo emocional las vivencias que le permiten sentir las emociones que requiere para dar vida al personaje que está actuando. La memoria emotiva puede ayudar a componer un personaje por medio de la empatía, pero dentro de una determinada estética realista o naturalista en la que existe un tipo de correspondencia entre la realidad y la ficción.

Por otro lado Bertolt Brecht, como hemos comentado, propone al actor tomar distancia de sus personajes, en su teatro es requerida la distancia emocional de los actores y del público,  “Al actor no se le permite identificarse totalmente con el papel que juega en el escenario[2]”. Para Brecht ésta distancia es indispensable para poder pensar objetivamente, para que actores y el público puedan tomar sus  propias decisiones frente a lo que sucede, en lugar de identificarse pasivamente con la historia. El concepto de separación o distanciamiento tiene que ver con la capacidad de observación, una forma de ser testigo de aquello a lo que asistimos o bien de lo que se manifiesta en nosotros mismos.

Cuando el actor se entrega a la representación del personaje, aparecen siempre la participación (empatía) y el distanciamiento (observación). El actor participa emocionalmente de la realidad que está representando y al mismo tiempo se observa y es testigo de lo que está sucediendo. En la escena puede vivir  una verdad ficticia y la vez notar la propia realidad como individuo, ya que una parte del sí permanece separado y observa lo que está sucediendo en la escena, allí se da esta paradoja humana entre el ser y el observarse.

Desde la perspectiva terapéutica gestáltica podemos utilizar estas dos herramientas, empatía y distanciamiento, según sea conveniente: a) para algunas personas que tienen una profunda dificultad para expresar sus emociones, podemos trabajar con la empatía, por ejemplo con la silla vacía o la inversión de roles, dónde la persona va experimentando ponerse en el lugar del otro, alcanzando algunas veces una nueva perspectiva del algo más amplia y comprensiva b) para las personas que se sienten invadidas por sus emociones, confusas o muy enredadas en sus problemas, podemos utilizar alguna técnica de distanciamiento, por ejemplo el continuo de conciencia o un soliloquio teatral, pidiendo a la persona que atienda a aquello que está en su campo presente de atención y lo exprese, como auto-observación sin demasiado juicio, “el continuo de conciencia, permite seguir el estado de la persona sin interrumpir su darse cuenta. De esta manera nos vamos acercando a lo que siente, cómo lo siente y dónde lo siente y podemos ver como esas sensaciones se van transformando en necesidades”[3]. La actitud de ser testigo de sí mismo, o el distanciamiento, permite ver con más facilidad aquello que nos afecta sin necesidad de identificarnos completamente con ningún aspecto.

 



[1] Stanislavski. K. “El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la encarnación”. Ed.

Alba. 2003

[2]Citado en Cornejo, S. Brik, L. “La representación de emociones enla Dramaterapia”, Ed. Panamericana. 2003.

[3] Martín. A. “Manual Práctico de PsicoTerapia Gestalt”. Ed. Desclée De Brouwer. 2006

 

El teatro

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Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

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