Annie Chevreux comenta: “con Reinhardt, Perls aprende la escucha de lo obvio: gestos, distintos tonos de voz que dicen más de los recursos y la inhibición, que el mero contenido del discurso, algo fundamental en la Terapia Gestalt. A la vez al lado de Reinhardt se impregna de la creencia profunda de que cada uno es capaz de darse cuenta de sus propios recursos. Eso es esencial en la actitud terapéutica que va a desarrollar mucho más adelante”[1]. Algunos terapeutas comparan la forma de atender de Perls (su manera de divisar lo sutil del cuerpo y la voz, de identificar lo espontáneo de lo manipulativo), con las enseñanzas de Reinhardt que recogía la escucha del cuerpo, de la postura y de la voz como forma de captar el recurso genuino del actor. Francisco Peñarrubia comenta que a Reinhardt “se le acusaba (como hemos visto que también a Fritz) de caer en la espectacularidad en detrimento del rigor; otros críticos, sin embargo, apreciaron su habilidad…[2]”. Y comenta que las dos grandes habilidades de Reinhardt son:

–          Su capacidad de escuchar a los datos fenomenológicos que percibía, en palabras del periodista Hermann Bahr: “Es un oyente. Cuando escucha permanece sentado, reclinado hacia delante, circundado por el humo de su gran cigarro, y puede pasarse horas y horas tragándose el humo y las conversaciones. Está escuchando con todos los medios a su alcance: con orejas, los ojos, la nariz, con la boca abierta, aún con la piel. Da la impresión de que todo en él se transforma en un aparato receptor”[3]. Esta descripción se asemeja en mucho a la imagen de Perls que observamos en algunos vídeos, dónde se vislumbra la potencia de su recepción.

–          Su maestría para descubrir el potencial de sus actores y expandirlo, Martín Esslin sostiene: “…Reinhardt nunca impuso su forma de actuar en el actor. Tomaba el potencial del actor y le ayudaba a verlo. Una profunda fe en el milagro de la individualidad humana y la autenticidad y la riqueza de la personalidad fueron la base del creado artístico de Reinhardt”[4]. Se decía que Reinhardt jamás forzaba a los actores, sino que les ayudaba en la búsqueda de sus propios recursos de expresión.

Fritz  Perls también se interesó por la dirección de actores y por el trabajo con bailarines utilizando el arte como expresión personal, impulsando a los artistas a tratar con sus emociones y sentimientos a través del movimiento y la interpretación. El trabajo con actores y bailarines le permitía establecer una unión entre lo artístico y la Terapia Gestalt.Su forma de hacer terapia era percibida por muchos como una forma de teatro, expone Shepard: “La terapia que practicaba podía ser vista como un drama donde él, como director, hacía interpretar al individuo con el que trabajaba, toda clase de papeles, lo que con frecuencia culminaba en instantes cargados de emoción. Si no hubiese sido otra cosa, habría sido buen teatro. Pero con mayor frecuencia, era además buena terapia”[5]. Algunos de los actores con los que Perls trabajó acabaron siendo terapeutas “como si el entrenamiento terapéutico sobre la disciplina teatral fuera una feliz conjunción”.[6]

Annie Chevreux hace un extraordinario trabajo de investigación sobre los movimientos artísticos de Berlín en la época de Perls y los movimientos sociales y culturales del final del siglo XIX. En su libro “El Berlín de Perls” sostiene que en esta época surge, en oposición al materialismo del modelo capitalista de producción, una búsqueda de la espiritualidad y un profundo interés por las culturas orientales y la filosofía. Se comienza a hablar de: una mayor conciencia colectiva e individual; de esencia; fenomenología; del cuerpo y la mente. También en esa época aparece Nietzsche que cuestiona el modelo social establecido y hace una crítica aguda a la religión, la cultura y la filosofía occidental, levantándose contra la racionalidad totalizadora imperante en esos momentos. Nietzsche aboga por la conciencia y la responsabilidad individual, afirma que cada uno es responsable de su propio destino y proclama así la muerte de Dios: Dios ha muerto, una frase que nos deja responsables de nosotros mismos. Su espíritu crítico y poco complaciente abriga a los artistas y filósofos de la época y sus ideas se imprimen en las siguientes generaciones hasta nuestros días.

Fritz Perls se nutre de todo este movimiento que  explora en la riqueza genuina y misteriosa de la persona. Un movimiento artístico desea implicarse con el movimiento social y político y proclama una mirada crítica que a la vez pueda indagar en la experiencia del ser.




[1] Chevreux, A. “El Berlín de Perls” por A. Mandala Ediciones. 2007.

[2]  Peñarrubia, F.  “Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil”. Alianza Editorial. 2009

[3] Citado por Peñarrubia, F. en el libro “Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil”. Alianza Editorial. 2009

[4] Citado por Peñarrubia, F. en el libro “Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil”. Alianza Editorial. 2009

[5]  Chevreux, A. “El Berlín de Perls” por A. Mandala Ediciones. 2007.

[6]  Peñarrubia, F.  “Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil”. Alianza Editorial. 2009

El teatro

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Mª Laura Fernández e Isabel Montero son las autoras del libro: "El teatro como oportunidad". Un enfoque del teatro terapéutico desde la Gestalt y otras corrientes humanistas. Trabajan en el Institut Gestalt de Barcelona, con "Teatro y Gestalt".

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