En 2006, Joan Garriga —uno de los directores del Institut Gestalt de Barcelona— las reunió y les propuso un reto: crear un taller que uniera el teatro con el acompañamiento emocional.
Ese fue el punto de partida. Desde entonces comenzaron a explorar un territorio común: el encuentro entre el teatro y el desarrollo personal. De esa búsqueda nace El Teatro como Oportunidad, un enfoque propio que integra el trabajo del actor sobre sí mismo con principios básicos de una mirada humanista.
Isabel Montero nació en Barcelona en 1970 y Mª Laura Fernández nació en Buenos Aires en el mismo año. Isabel es trabajadora social y Laura psicóloga. Ambas estudiaron teatro desde muy jóvenes y posteriormente se formaron en en enfoques humanistas.
En 2012 publican el libro El Teatro como Oportunidad, editado por Rigden, donde comparten la historia, los fundamentos y la práctica que vinculan estas dos disciplinas.
Una entrevista de Txell Rovira.
¿El teatro como Oportunidad de…?
Ante todo, una oportunidad: hacer, conocer y conocerse. Un viaje de autodescubrimiento compartido.
¿Cómo usáis el teatro?
Este trabajo implica integrar distintos aspectos de la persona —el cuerpo, las emociones, los pensamientos y las creencias— para ir más allá de uno mismo, ampliar los recursos emocionales y explorar diferentes roles.
Así fue como aprendimos el teatro, desde nuestras primeras maestras: Mónica Bruni, Karina Álvarez y Gurene Marín, a quienes seguimos profundamente agradecidas.
Nuestro propósito, en esencia, es que cada persona pueda moverse por la vida con más libertad, alegría, amor y respeto: hacia sí misma y hacia los demás.
¿Consideráis el teatro como una oportunidad de desarrollar la empatía ?
Muchas veces sí se produce: al jugar a ser otro y actuar desde ese lugar, se abren nuevas puertas para comprender lo humano.
Ponerse en la piel de distintos personajes —con sus modos de ser, de mirar el mundo— nos permite explorar identidades que tememos, admiramos, amamos o incluso rechazamos. No importa cuáles: actuar despierta una sensibilidad que revela la humanidad que nos une, más allá de los caracteres, las acciones o los valores que nos separan.
Actuar y observar desde lo humano amplía la comprensión, la empatía… y quizá también nuestra forma de estar con los otros y en el mundo.
¿Qué valoráis del teatro?
Son muchas cosas. Una de ellas es que el teatro se hace con otros: el trabajo empieza en una misma, pero no termina ahí. Es un arte colectivo; creamos algo para otros. Cuando los otros disfrutan, nos alegramos nosotras. La alegría se expande en lo compartido.
Sin embargo, eso no es lo que lo distingue de otras artes. Lo singular del teatro es que, para hacerlo, prestamos el cuerpo y las emociones: hacemos vivir a otros seres humanos a través de nuestras propias facultades. Damos vida a personajes que se mueven, sienten, hablan, se relacionan y cuentan historias… ante un público o un grupo, que lo recibe en vivo, en directo y en tres dimensiones.
¿Por qué teatro?
Porque el teatro nos muestra la humanidad en todas sus formas.
Nos ofrece la posibilidad de entregarnos a una experiencia creativa que trasciende lo individual: compartir lo que somos, jugar —interpretar es to play en inglés— y actuar con generosidad para otros, el público o los otros participantes, si se trata de un taller. Recibir de ellos el aplauso, el silencio o la gratitud es parte del intercambio. Y, a pesar del esfuerzo que a veces supone, sentir satisfacción por lo hecho también forma parte del camino.
En el teatro se llora, se ríe y se vive intensamente. Todo esto puede tener un efecto profundamente sanador, especialmente cuando se acompaña de un proceso de consciencia, humildad y aprendizaje emocional y buena convivencia.
¿Como ayuda el enfoque humanista en vuestro trabajo?
Trabajamos desde un enfoque humanista, especialmente en la manera de relacionarnos entre nosotras y con el grupo: con consciencia, presencia y asumiendo siempre la propia responsabilidad. Creemos que el autoconocimiento abre la puerta a la creatividad y permite explorar nuevas posibilidades.
Este enfoque propone una forma de estar en el aquí y ahora: despiertas, responsables y también abiertas a lo que sucede. Implica confiar en una forma de vincularnos con mayor aceptación: aceptar al otro como es, y aceptar también aquello de mí que no puedo cambiar. Estar con lo que sentimos y pensamos, sin necesidad de convertirlo en bandera para ir contra otros.
Esta actitud no se enseña, se contagia. Aprendemos cada día con paciencia y confianza; no hay una meta final, pero sí señales que nos orientan y nos permiten ver que estamos en camino.
¿Qué ofrece vuestro libro a los lectores?
Para nosotras, el libro ofrece un viaje interesante a través de la historia del teatro. En sus páginas encontrarás un resumen de las enseñanzas de grandes maestros que han sido referentes en el trabajo del actor sobre sí mismo, como Stanislavski, Meyerhold, Reinhardt, Grotowski, Brook, Lecoq, Donnellan o Boal, entre otros. También abordamos algunas disciplinas que utilizan el teatro con un enfoque de desarrollo personal, como el Psicodrama, la Dramaterapia, la Multiplicación Dramática o la terapia Gestalt. Por último, proponemos dinámicas y ejercicios prácticos para aplicar estas enseñanzas.
Creemos que, al leer el libro, puedes acceder a una síntesis de la experiencia y el legado de muchos maestros que sembraron este terreno y dejaron frutos valiosos para quienes buscan crecer a través del teatro.
¿Que os gustaría estar haciendo en 10 años?
Nos encantaría seguir ofreciendo conocimientos, talleres, formación. Deseamos que personas de distintos territorios continúen participando, y que las semillas de nuestros proyectos florezcan en cada participante, adoptando sus propios matices y contribuyendo al crecimiento colectivo.


